Grecia clarifica todo

Por Carlos Enrique Dallmeier*

Carlos Dallmeier

Carlos Dallmeier

A Grecia no le quedó otro camino que doblegarse ante el poder de las transnacionales y aceptar la imposición de las “reformas”, es decir, entregar sus principales empresas públicas al capital extranjero y comenzar a disminuir sensiblemente los beneficios sociales de la población.

Ultraimperialismo vs multipolaridad

¿Qué pasó allí?

Sencillamente, que el gobierno griego apostó a la multipolaridad en el mundo y perdió.

En efecto, cuando el partido de Tsipras se presentó a las elecciones pasadas y las ganó, su plataforma de lucha fue el de impedir el ominoso acuerdo con la Unión Europea para amortizar la enorme deuda externa. Su estrategia se basaba en la posibilidad de conseguir dinero fresco en otras latitudes, principalmente en los países que forman el BRICS. Pero estos jamás se plantearon esa posibilidad, es más, Rusia se ofreció a proporcionarles dinero a cambio de adquirir bienes públicos como aeropuertos o servicios, igual que la Unión Europea.

Esa actitud de los países del BRICS se corresponde al objetivo expresado por ellos de buscar un mundo ultraimperialista, es decir un mundo en donde las principales potencias imperiales “dominen al resto del mundo en forma conjunta, y por supuesto, no podían “atacar” a la Unión Europea, uno de los socios que ellos consideran imprescindibles dentro de esa estrategia.

No es que Chávez no tuviese razón en su momento con la tesis de la multipolaridad, pero en la actualidad está privando la idea rusa del ultraimperialismo necesario ante el chantaje nuclear. Por supuesto que esto no será así para siempre. Creo que Lenin tenía razón y al final esa unión decantará en otra guerra, cuando alguna de las potencias alcance una superioridad tecnológica neta en el aspecto militar, como pudiesen ser las naves hipersónicas con velocidades de 7 u 8 mil km por hora. Pero eso no está planteado por ahora.

Los sectores medios: el sostén de los imperialismos

Pero el verdadero quid de la cuestión es que la dirección de esas potencias imperialistas no llega al poder imponiéndose violentamente, sino con el apoyo mayoritario del pueblo que se expresa a través de las elecciones:

Estuve recientemente unos meses en Europa y pude entender ese fenómeno: La mayoría de la población de países como Alemania o Francia no viven en las grandes urbes, sino en pequeños y medianos pueblos diseminados por todo el territorio, en donde se ha desarrollado fuertemente una agricultura y un comercio basados en la pequeña propiedad, constituyéndose esos sectores en el principal soporte político de los sectores dominantes, a pesar de sufrir en algunos casos las consecuencias de esos sistemas económicos.

Mientras esa situación no cambie, no podrá derrotarse al neoliberalismo.

Pero, por qué los pequeños propietarios del campo y de la ciudad, identificados con la llamada clase media, son renuentes a apoyar las posiciones anti-neoliberales? Porque se ven amenazados al asociar a la izquierda con las aberrantes tesis estalinistas de la eliminación de la propiedad privada y de su igualitarismo ramplón.

La claridad de Chávez

Y es aquí en donde se aprecia la enorme importancia del pensamiento de Chávez, el gigante.

En efecto, con su tesis del socialismo del siglo XXI Chávez rompió el paradigma estalinista y demostró que se puede construir el socialismo respetando la propiedad privada de los pequeños y medianos propietarios; elevando la calidad de vida de las capas más pobres a través de programas sociales y viviendo en una democracia plena.

Ese mensaje chavista de un socialismo distinto comenzaba a penetrar en el mundo capitalista, siendo Podemos en España y el partido de Tsipras en Grecia ejemplos esperanzadores de ello.

El estalinismo se impone

Lamentablemente murió Chávez y su tesis política ha venido siendo reemplazada por las viejas ideas estalinistas, lo que ha traído como consecuencia la imposición de los vicios del estalinismo como la escasez, las colas, el desabastecimiento, la inflación desbocada, la devaluación de facto, etc.

Esta decepcionante realidad ha impactado negativamente en esos movimientos emergentes. Así vemos cómo Podemos en España, al cual han identificado con el proceso venezolano, ha perdido fuerza, no sólo estancándose, sino retrocediendo en la aceptación popular.

Calcando modelos para diferentes realidades

Para mí, la culpa de todo este desastre la tiene Cuba, no porque los cubanos nos estén dirigiendo, como pregona la oposición, sino por algo peor todavía, por el convencimiento de algunos conductores del proceso venezolano de que para instaurar el “verdadero” socialismo hay que “copiar” el modelo cubano. De suerte que vemos como hoy hay profusas campañas para luchar en contra del “consumismo” o para acabar con los sectores medios y buscar el igualitarismo ramplón, sin entender que son dos realidades diferentes.

En Cuba, cuando triunfó la Revolución, eran muy reducidos los sectores medios tal como los conocemos, dividiéndose esa sociedad en una gran masa campesina, una incipiente clase obrera, una gran pequeña burguesía que vivía del capital norteamericano o de la estructura política y militar, y una fuerte clase terrateniente, por lo que la aberrante tesis estalinista del igualitarismo ramplón hacia abajo se pudo imponer con facilidad, y eliminándose la pequeña y mediana propiedad en los procesos de la producción y comercialización. Cuestión esta última que se comenzó a revertir en los últimos años.

En Venezuela sucede lo contrario. Nos encontramos con unos sectores medios que son mayoritarios, por lo que la estrategia equivocada de los estalinistas de eliminar a esos sectores ha devenido en una suerte de guerra de un partido que asume la representación de los sectores pobres en contra de la mayoría de la población conformada por los sectores medios y de sus llamadas “desviaciones pequeñoburguesas”

Esta y no otra es realmente la causa de esta megaplasta que se ha puesto en la economía.

O se rectifica o lo rectifican

Similar situación se vivió en el Chile de Allende y en la España republicana. Solo que aquí la oposición derechista no ha podido capitalizar este desastre. Por dos razones: la referencia de la experiencia pésima de sus gobiernos y también la referencia de la gestión exitosa del modelo de Chávez, al punto de que en la última encuesta de Hinterlaces el 62% votaría por Maduro si él rectificara, es decir, si volviese a la práctica de Chávez. En otras palabras, hay cerca de un 40% que no está de acuerdo con el estalinismo ni con el puntofijismo.

Si las leyes sociales son correctas y si a cada idea le corresponde su momento, si el gobierno no rectifica y se sacude a los estalinistas, se puede avizorar que surja en el horizonte algún movimiento político exitoso que reivindique el pensamiento de Chávez. La base social existe.

*Jubilado del sector informático y luchador social

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