Los pobres malandros

Por Luis Fuenmayor Toro*

Luis Fuenmayor Toro

Luis Fuenmayor Toro

El Gobierno negocia con delincuentes peligrosos: pranes encarcelados y pranes libres. Todos vieron la foto de Iris Varela sentada en la cama de una prisión con un pran. Todos saben de la “operación cayapa”, para sacar rápidamente a los delincuentes de las cárceles. La cayapa no es para que los tribunales procesen los numerosos juicios paralizados, con acusados cumpliendo condenas antes de ser condenados. No. El plan fue para que delincuentes comprobados salieran libres y se dedicaran a trabajar. ¿En qué? En lo que saben hacer muy bien: asesinar, robar, traficar, violar, hurtar, secuestrar y extorsionar.

La ideología detrás de estas negligentes acciones es: “pobrecitos los malandros que no tuvieron madre, ni hogar, ni educación”, “vivieron una infancia y adolescencia de violencia y de drogas”, por lo que “no son culpables de sus crímenes y debemos liberarlos”. Son los “buenandros” de Chávez. “El culpable es el capitalismo” y por lo tanto al que hay que encerrar es a Mendoza y de paso al general Baduel y a cuanto líder opositor salga por allí. Ah… Y dejar tras las rejas a los 50 mil presos comunes pobres que son dobles víctimas, entre quienes más de la mitad no tienen sentencia.

En las cárceles, se les dio a los pranes una serie de beneficios: comodidades, celulares, televisores, cigarrillos, alcohol, drogas, realización de fiestas, mujeres, libertad para dirigir sus operaciones extra carcelarias. Impunidad en su territorio carcelario, suerte de “zona de paz” interna donde la autoridad era máxima es el pran y sus secuaces, donde no llega la acción del Estado. Un delincuente preso que gobierna la cárcel bajo el amparo del Gobierno. En retribución, el compromiso de evitar las sangrientas matazones, que dañaban la imagen del gobierno y perjudicaban las elecciones.

Otro tanto se hizo en barrios y ciudades de la provincia, con el acuerdo de los bandidos de no matar tanto o hacerlo comedidamente, pues había que bajar la tasa de homicidios, encontrada en 19 por cien mil habitantes y que había aumentado en forma bárbara, en perjuicio de los resultados electorales. ¡Tamaña preocupación! Se crearon entonces las zonas de paz, donde la delincuencia asumía el mando y la policía no los molestaba. Se les permitía continuar sus acciones delictivas y sojuzgar a la población, como los pranes en las cárceles mantienen subyugados al resto de los prisioneros.

En los urbanismos de la Misión Vivienda entregaron apartamentos a delincuentes, gente sin trabajo conocido, indocumentados, principalmente colombianos; traficantes de drogas y revendedores de viviendas adjudicadas. Eso lo hizo el Gobierno y por tanto es el único responsable de la situación actual de “colonización” por la delincuencia de esos urbanismos. El descaro es tal, que hoy lanza operativos militares con fines electorales para acabar con su obra.

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