Margarita y algo más

Por Ángel A. Guerra Yánez*

Ángel Guerra Yánez

Ángel Guerra Yánez

En escrito anterior refiriéndome a Margarita aludía al “urbanismo desbordado sin una planificación prospectiva que lo sustente”, que probablemente sea uno de sus atractivos actuales sin ninguna otra consideración más que su impacto visual. En éste he querido abundar sobre el asunto, comenzando por indagar sobre si existe algún plan de desarrollo, que tome en cuenta las limitaciones actuales de servicios para satisfacer la enorme demanda que tal desarrollo conlleva, y, más aún, si parejo con lo que parece ser una tendencia creciente, muy lógica por lo demás como vía de escape para el inversionista ante la situación económica del país, se ha previsto esa circunstancia. En otras palabras: saber  si se trata de un desarrollo sustentable.

Los servicios de abastecimiento de agua, recolección de aguas servidas, electricidad, disposición de residuos sólidos, entre otros, son, in extremo, precarios en Margarita. Adecuarlos además a esa demanda no será, en mucho tiempo, tarea fácil, ya que requeriría de un esfuerzo de enormes proporciones, difícil de avizorar en medio de la economía colapsada que sufrimos.

Desde el punto de vista del abastecimiento de agua potable, es bien conocida la dependencia de la isla de fuentes ubicadas en tierra firme, dadas las condiciones climáticas que la caracterizan como una zona de clima tropical seco semiárido. No hay fuentes superficiales propias que pudieran satisfacer esas necesidades, y las que se utilizan en tierra firme están cada vez más comprometidas con el crecimiento vegetativo normal de poblaciones del Oriente, con las que tienen que compartir sus potencialidades.

Las posibilidades de aprovechamiento de fuentes subterráneas en toda la isla son, desde el punto de vista hidrogeológico, de rendimiento y de calidad, descartables, según revelan estudios prospectivos realizados en el pasado.

La crisis de electricidad es igualmente precaria, diríamos que crítica. No escapa la Isla a las penurias que a nivel nacional se viven en este rubro. Al igual que el agua, depende de instalaciones ubicadas en tierra firme lo que, de por sí, lo hace vulnerable. El aumento de su demanda crece parejo con el desmesurado crecimiento urbanístico. Sus proyecciones a futuro acordes con el crecimiento urbano no existen. Todo el que visita a Margarita se lleva el recuerdo de algún apagón. Las quejas de sus habitantes son cotidianas y su futuro, una incógnita bien reservada.

Por mucho tiempo el servicio de recolección y de disposición de residuos sólidos ha sido un reto para todos los gobernantes. Particularmente lo referente a la disposición de estos residuos. Por años se ha mantenido la disputa entre diferentes Alcaldías por permitir en sus predios sitios para satisfacer esta necesidad, así como la adopción de tecnologías de tratamiento. Hoy, al igual que los servicios anteriores, las necesidades en éste no pueden escapar de las consecuencias del “hiperurbanismo”, e igualmente desconocemos las previsiones que se hayan tomado o se estén tomando al respecto.

Las aguas servidas son un reto no menos considerable, vinculado también al “hiperurbanismo”. La disposición final de éstas es el mar por medio de descargas submarinas (en estado de deterioro por falta de mantenimiento),  luego de un tratamiento parcial en un  sistema de lagunas de oxidación; y es el mar, por fortuna, un recurso con que cuenta la Isla como futuro sostén de su economía, desarrollando el turismo. Además es tiempo de ir pensando en el mar como futura fuente de abastecimiento, al menos parcialmente, en una etapa no muy remota.

Me adelanto a aclarar que no estoy en contra del urbanismo, siempre y cuando este sea sustentable en cuanto a las variables pre descritas y en una economía sólida, que no es el caso de la Isla, según puede deducirse por las reiteradas declaraciones de voceros calificados de las diferentes actividades económicas que aquí se desarrollan (comercio, turismo, etc.). De no ser así pudiéramos estar a las puertas de un bumerán de consecuencias indeseadas.

*Profesor de la UCV