Una noche aciaga

Por Ángel A. Guerra Yánez*

Ángel Guerra Yánez

Ángel Guerra Yánez

Recientemente, a consecuencia de una inesperada noche de insomnio, tuve el infortunio de sintonizar a media noche, por accidente, la emisora Radio Nacional de Venezuela en momentos en que se transmitía el oprobioso programa “con el mazo dando”, que conduce el Señor Diosdado Cabello. Escuchándolo no podía salir de mi asombro preguntándome cómo un “político”, que pretende ganarse el favor del pueblo, para quien se supone que trabaja, se presta a actuar con semejante descaro. Un programa concebido para burlarse, vilipendiar y descalificar a todo el que discrepe de los disparates del desgobierno, haciendo uso de los más detestables ardides publicitarios que la tecnología nos permite. Una actitud deshonrosa, muy característica por cierto, de  los que se enorgullecen cínicamente de ser chavistas, complementada con intervenciones desde el más allá del comandante eterno.

Aunado a la  actitud altanera que lo caracteriza, parece apoyarse en una extensa red de esbirros soplones que nos llevan a pensar que todos estamos vigilados, particularmente los políticos que hacen abiertamente oposición al gobierno. Se vanagloria de estar informado del más mínimo movimiento de estos señores, presentando lo que para él son pruebas irrefutables de los infundios que hace.

Llama la atención ver como sus redes de espionaje aparentemente no le informan de sus iniquidades, su corrupción escandalosa, su reiterada violación de los derechos humanos y su ineficacia supina en el desempeño de sus obligaciones, que por su vulgaridad son ampliamente conocidos por todos los venezolanos, sin tener que recurrir a la vileza de los espionajes por sus característica de públicos y notorios.

Me pregunto: ¿Tendrá semejante bodrio eso que refiriéndose a los medios llaman los publicistas “market share”? De ser así estaríamos en presencia de una población cuya ignorancia va más allá de lo necesario para que se nos tenga como país tercer mundista.

Terminé la noche aciaga en medio de una horrible pesadilla: Diosdado, en connivencia con uno de sus jueces de cuyo nombre no quiero acordarme, me había condenado a no perderme por nada ninguno de sus programas.

*Profesor universitario

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