Radiografía de la mega-plasta en la economía

Por Carlos Enrique Dallmeier*

Carlos Dallmeier

Carlos Dallmeier

La última encuesta de Keller arroja que existe un descontento mayoritario en la población venezolana. Y es lógico que sea así-. Vemos como hoy la inflación, el desabastecimiento, la especulación, la corrupción galopante y la inseguridad, que se han desatado en los últimos tres años, golpean severamente la vida del venezolano.

La fuente principal en la parte económica de esta “megaplasta” que se ha puesto es la especulación, por lo que cualquier intento por corrección pasa obligatoriamente por derrotar esa especulación, siendo la única forma identificar sus causas y combatirlas.

Para mí, la fundamental está en que las decisiones fundamentales que toma el gobierno están siendo tomadas influenciadas y determinadas por todo un conjunto de ideas estalinistas obsoletas impulsadas por un atajo de ignorantes y fanáticos, entre las cuales destacan afirmaciones como la de que la “clase media” es enemiga del proceso, que es prioritario consumir el “consumismo” o la que sostiene que “El Partido” debe controlar el Estado, incluyendo, por supuesto, sus empresas.

Esta última idea sobre “El Partido” está basada en el peregrino argumento de Stalin quien afirmaba que Marx dijo que para conseguir el socialismo era necesaria una revolución que tendrá que implantar necesariamente la “Dictadura del Proletariado”, pero como Lenin afirmó que éste en principio era tradeunionista e incapaz por sí solo de hacer esa revolución y que era El Partido el llamado a hacerla, entonces, una vez alcanzado el poder, esa “Dictadura del Proletariado” debería ser ejercida por El Partido.

Y como El Partido no existe físicamente, sino lo que existe realmente son sus dirigentes, esa famosa “Dictadura del Partido” se convirtió de hecho en la “Dictadura de sus dirigentes”. Y es lo tristemente vemos hoy en día en nuestro país, si bien no es una “Dictadura” es un gobierno dirigido sectariamente por un Partido, que no oye ni analiza, y mucho menos entiende nuestras realidades y que se limita a “gobernar” bajo los principios aberrantes del estalinismo.

¿Cómo estas estúpidas ideas destruyen el proceso?

Para entender esto hay que ver los resultados. Veamos algunos ejemplos:

Tenemos el caso de los automóviles. Bajo el gobierno de Chávez se vendían anualmente unos 300.000 vehículos, que si los valoramos en, digamos unos 20.000 dólares por unidad, tendríamos una venta anual de unos 6.000 millones de dólares, la inmensa mayoría de los cuales se remitían al exterior.

Pero como para los estalinistas la llamada “Clase Media” es enemiga del proceso hay que combatir sus “perjudiciales hábitos de consumo”, esa importación se redujo drásticamente, lo que trajo como consecuencia que esos miles de millones de dólares que eran consumidos en su mayoría por la llamada “Clase Media” ya no encontrasen la oferta automotriz como desahogo, incrementando en forma desorbitante la liquidez actual, la cual se canaliza hacia otros sectores, bien yendo al mercado para demandar bienes, situación que aprovechan muy bien los especuladores capitalistas presionando la inflación, bien acudiendo al mercado paralelo de divisas extranjeras exponenciando desmedidamente su valor, y como este valor de las divisas es tomado como referencia en el proceso de la formación de los precios, su influencia es mortal sobre la inflación.

En el caso de los automóviles su efecto no que queda allí. Se generan otros gravísimos problemas como el aumento desproporcional de sus precios en el mercado secundario. Conocí el caso de un Toyota Corolla del 2010 que se ofertaba en las redes sociales en $ 16.000, que llevado al cambio negro significan más de ¡13.000.000! de Bolívares.

Eso explica que el robo de vehículos se haya disparado convirtiéndose en enorme negocio que para muchos justifica cualquier riesgo, pero que lamentablemente, también es macabro, porque hemos visto como han sido asesinados muchísimos venezolanos por un hampa desbocada ante tan gigantescas expectativas de “ganancias”.

Pero también trae otros efectos, como el brutal incremento de las primas de los seguros o de las partes y repuestos que, ante la falta de importación, estimula el robo de vehículos para canibalizarlos.

Igual que sucede con los autos pasa con los otros bienes, que los estalinistas consideran que forman parte del “consumismo pequeñoburgués”, como los televisores, las baterías, las líneas blanca y marrón, etc., contribuyendo a un a exceso de liquidez, y por ende de especulación, que está destruyendo la economía.

En otras palabras, los estalinistas rompieron el equilibrio que encontraron de la economía sin ofrecer una solución alterna que evitara esas distorsiones. Y lo que es peor, como los ingresos de la mayoría de lo que ellos llaman la “Clase Media” aumentan a la par de la inflación, ese proceso se seguirá repitiendo.

Con esto no estamos diciendo que se debe volver a la importación desmedida, sino que hay que construir un nuevo equilibrio que acabe con ese exceso de liquidez, que para mí no es otro sino el aumento de la producción nacional.

Otro ejemplo: la construcción de viviendas

Los estalinistas han centrado exclusivamente la fabricación de viviendas hacia los sectores pobres, y como los constructores privados han concentrado sus esfuerzos en los rentables segmentos de los edificios empresariales o para las clases ricas, como se puede apreciar en urbanizaciones como Altamira, Chacao, La Castellana, etc., el resultado es que para los sectores medios, que constituyen la inmensa mayoría del pueblo, no existe una oferta habitacional, lo que, ante el crecimiento vegetativo interanual que experimentan esos sectores, estimado en unas 60.000 familias, ha producido que se hayan disparado los precios de las viviendas para ese sector.

En un programa reciente, el presidente Maduro se escandalizaba que un apartamento en El Valle se vendiese en 12 millones de bolívares, achacando el fenómeno a lo que sostienen sus asesores: “La Guerra Económica”.

¡NO! Sencillamente esos precios son consecuencia de la Ley de la Oferta y la Demanda. Si no se hacen viviendas para los sectores medios, hay una demanda insatisfecha que cada día es mayor y de cajón que tiene que subir.

Los diferentes gobiernos, desde Medina hasta Lusinchi, siempre estuvieron pendientes de ayudar a satisfacer la demanda de esos sectores y así vemos cómo se construyeron urbanizaciones como Casalta, Santa Eduvigis, Los Chaguaramos, Juan Pablo II, Parque Central, etc., bien directamente o con créditos hipotecarios a través del IPASME, las cajas de ahorro de las universidades nacionales y de los pedagógicos, el IPSFA, etc.

Por supuesto que ese aumento desmedido de los precios termina afectando a todos y trae lamentables consecuencias inflacionarias, ya que si a un mecánico, o un médico, un pequeño comerciante, un abogado, un trabajador por su cuenta, etc. le sube el costo de la vida, termina aumentando lo que cobra por su trabajo, consulta o servicio.

El único “Pendejo” que termina pagando la inflación es quien trabaja por un sueldo.

Pero esta estúpida persecución en contra de esa “Clase Media” enemiga no termina con atacar sus hábitos de consumo, sino que también desprecia e ignora sus talentos y habilidades, de suerte que en la mayoría de los casos, los problemas del país son abordados por ignorantes o paracaidistas.

El fenómeno poblacional

Otro aspecto que es determinante en el acontecer económico es el crecimiento vegetativo de la población, que es de alrededor de unos 400.000 habitantes por año, es decir, unas 100.000 familias nuevas.

Esto trae un aumento de la demanda de bienes, lo que sumado a la reposición natural de los mismos, se convierte, si no es entendido, en un gravísimo problema.

Por ejemplo, tomemos el caso de las neveras.

Existen en el país unas 8.000.000 de familias, y de acuerdo a estadísticas publicadas, casi el 100% las posee. Si estimamos en unos 20 años la vida útil de las mismas, tenemos que se necesitan al año unas 400.00 unidades para reposición de inventario, más las 100.000 necesarias para los nuevos hogares, la demanda anual será de unas 500.000 neveras. Cualquier cifra por debajo de ella genera insatisfacción en la población.

Si llevamos esto a todos los demás bienes de consumo necesarios, como lavadoras, calentadores, cocinas, etc., vemos que existe una enorme oportunidad para desarrollar una potente industria nacional, máxime si tomamos en cuenta que, además, contamos con abundantes materias primas (aluminio, acero, petroquímica, etc.) y una energía barata.

Por eso Chávez planteaba con razón la posibilidad real de convertirnos en país potencia.

Sobre la escasez

La absurda escasez que padecemos los venezolanos no es producto solamente de la llamada “Guerra Económica” que nadie niega que existe, pero que si es bien atacada no hace ningún daño, como lo hizo Chávez.

Para mí el principal causante de la misma es la idea estalinista de la “Dictadura de Partido” aplicada a la economía.

En efecto, los controles y los racionamientos de los bienes son una marca de sello de los regímenes estalinistas, diseñados para hacer sentir esa dictadura al ciudadano común, y ello fue posible gracias a que cuando triunfaron las revoluciones “socialistas” de la URSS, de Cuba, de China, etc., la inmensa mayoría de sus habitantes vivían en condiciones paupérrimas, y esas cartillas de racionamiento que les garantizaba el partido, más que una traba constituían una panacea, ya que les permitía a la inmensa mayoría de la población el acceso a bienes y servicios de los cuales habían estado privados antes de esas “revoluciones”.

En Venezuela también se da ese caso en aquellos sectores pobres y muy pobres que hoy pueden comprar carne, pollo, huevos y otros bienes fundamentales, a los cuales les era imposible acceder en el pasado, cuando, como lo reseñaban los medios, hasta se llegaba a darle Kool-Aid a los lactantes en vez de leche.

Pero recordemos que, si bien hubo un breve período en los segundos mandatos de CAP y Caldera en que los sectores pobres fueron mayoría gracias a sus políticas neoliberales, desde el gobierno de Pérez Jiménez hasta hoy, los sectores medios han constituido la inmensa mayoría de la población, resultando que esas fulanas captahuellas y esa venta por cédula, si bien para los sectores pobres es una bendición, para los sectores medios es una maldición.

El calcar modelos extranjeros, sin estudiar la realidad social venezolana nos ha llevado a este desastre.

Pero hay otro elemento, la fulana lucha en contra de lo que los estalinistas llaman “el consumismo”, que no es otra cosa sino una excusa para atacar los patrones de consumo de los sectores medios. Por ejemplo, si ellos son los que mayoritariamente adquieren vehículos, pues no se traen ni cauchos ni baterías suficientes.

Es cierto que el barril de petróleo bajó de $ 100 a $ 39, pero esa cifra alcanza, para por lo menos tener acceso vía importación a los artículos de primera necesidad que se necesiten para complementar la producción nacional.

Veamos el sector automotriz. Diversas fuentes calculan un parque automotor de unas 3 millones de vehículos particulares, lo que equivaldría a unos 12 millones de neumáticos. Si le damos una vida útil de 4 años, quiere decir que hay que renovar el inventario anualmente en un 25%, lo que equivaldría a unos 3 millones de cauchos anuales, que calculados a unos 90$ por unidad nos arrojaría un requerimiento de tan sólo 270 millones al año, y si tomamos las baterías que con una duración aproximada de dos años, se requerirían millón y medio anualmente que calculadas a unos $ 90 arrojaría un total de 135 millones de dólares.

Es decir, que si todas fuesen importadas, que no es el caso, con solo unos 400 millones de dólares se atendería holgadamente la demanda interna de cauchos y de baterías y los conductores no vivieran esa aberrante situación de escasez.

Y ese es solo un ejemplo. Lo mismo se pudiese decir de la mayoría de productos básicos que hoy escasean. Lo triste del caso es que si la oposición accede al gobierno mandará esas estúpidas tesis al cesto de la basura y tendremos de nuevo acceso sin restricciones a esos bienes.

Gracias a esos estalinistas estúpidos, de este “socialismo de pacotilla” sólo quedará un amargo recuerdo.

Sobre el impuesto sobre la renta

Las recientes medidas impositivas y de control de precios tomadas por el gobierno resultan a todas luces insuficientes, porque se limitan a los bienes producidos o importados susceptibles de ser fiscalizados, y, como la famosa Ley de Precios Justos, no resuelve el problema.

Y es que, por más eficiente que sean esos controles, mientras haya una oferta muy limitada de bienes hacia los sectores medios, se mantendrá el crecimiento sostenido de la liquidez, que alimentará la especulación y presionará la inflación.

Especulación que se alimenta de todo el enorme ecosistema económico que tiene vida autónoma, propia, y que no depende para fijar sus precios de la manufactura ni de la importación.

Bajo ese nuevo esquema anunciado no se controlan las ganancias de los que prestan servicios: de las ventas de bienes con costos no cuantificables, como las hortalizas, verduras, pescados, etc.; de los que alquilan locales comerciales, de los que venden comida o de tantas otras actividades que en realidad son las que inciden más brutalmente en el índice inflacionario.

Además, con esos ridículos porcentajes del ISR, tenemos un sistema impositivo que realmente lo que hace es estimular la especulación.

En efecto veamos un ejemplo. Con el impuesto máximo del 34% si a un capitalista un bien tiene un costo total de Bs.100 y lo vende en Bs. 150, obtendría una ganancia neta de 50 Bs., y después de pagar el impuesto quedaría con una ganancia neta de Bs. 33, pero si las agallas le crecen y lo vende en Bs. 200, pagaría 34 Bs. de impuesto y quedaría con una ganancia neta de Bs. 66. Es decir, mientras más caro vende, más ganancia obtiene.

Es urgente dejar de tirar flechas en materia impositiva, darse cuenta del papel que juegan los impuestos en el funcionamiento económico, que va más allá de recolectar dinero para el Estado, olvidarnos de que el SENIAT viva exclusivamente de los “grandes contribuyentes” y crear una nueva estructura que ayude a frenar la especulación y, por ende, la inflación, que incluiría, necesariamente, volver a implantar los eficientes mecanismos a todos los niveles que en su momento creó Vielma Mora.

Sobre el hombre nuevo

Quizás uno de los peores efectos que ha causado este mega desastre es que se han corrompido grandes estratos sociales, fundamentalmente en los sectores pobres, producto del ejemplo que se da en los niveles altos con la especulación y la corrupción.

Hoy vemos con profunda tristeza como muchísimos jóvenes de los sectores populares se dedican al llamado bachaqueo, que no es otra cosa que la especulación impune a nivel de buhonero, o a cobrar peaje en muchísimas calles con la excusa de “cuidar el carro” en donde cada uno tiene su coto, o de aquellos que venden su cupo en dólares, y hasta en supermercados, estacionamientos, bombas de gasolina, etc., los cajeros y despachadores se quedan con el vuelto sin ningún pudor, como un derecho adquirido, redondeándose importantes cantidades de dinero.

El “nuevo hombre socialista” ha devenido, por culpa de las tesis estalinistas, en un ser humano carente de valores sociales, de entender y tener sentimientos de amor y solidaridad con el prójimo, y para los cuales la viveza está por encima del trabajo. Se ha impregnado a muchos jóvenes con los valores desmedidos del lucro capitalista.

Claro, no todos son así y reconozco que se han hecho ingentes esfuerzos por sembrar valores en la población, pero ellos se estrellan ante una sociedad que baila al son de la viveza y la especulación.

Creo que para volver a recuperar la ética y los valores en la totalidad de la población tomará mucho tiempo y esfuerzo.

Los sectores medios deben ser protagonistas

Pero claro, ni alcanzar niveles de ética ni convertirnos en país potencia será posible si no se hace coprotagonista de ese proceso de desarrollo a los sectores medios, reservorio de profesionales, técnicos y pequeños empresarios, poseedora de una cultura y sentimientos venezolanistas y cuya incorporación se ha visto frenada por los teóricos estalinistas.

Es que consecuencia de ese menosprecio al conocimiento especializado los venezolanos sufrimos el impacto en la economía, cuando vemos como geógrafos, matemáticos, sociólogos, etc., son los responsables de la economía y de la planificación de la producción industrial y agropecuaria. Una vía expresa al desastre.

Y si vamos a las empresas del Estado, el problema es peor. Se comete el mismo error de los países estalinistas y de la dictadura adeco-copeyana en que es el Partido (es decir, sus dirigentes) el que nombra sus administradores, estos deben obediencia y su permanencia en el cargo, no a al éxito de su gestión sino a la bendición del dirigente que los nombra, que a su vez recibe de esos administradores ayuda para sostener su poder dentro del aparato del partido. En un proceso muy similar al vivido en el MAS en sus últimos lustros.

Esa minifeudalización la apreciamos en el último congreso del PSUV, con sus votos amarrados.

El efecto demostracion a nivel mundial.

La política es la actividad que refleja a través de los tiempos la lucha de los diferentes sectores sociales por defender sus intereses, siendo la mejor manera de hacerlo asumir el poder. En el pasado las cosas se dirimían por quien tenía mayor poder económico, militar o religioso.

Para tratar de eliminar o racionalizar esos conflictos en el Occidente se comenzó a gestar el sistema llamado democrático, en que al poder se accedía por la mayoría de votos.

Este sistema no llega a tener 100 años, es decir, es muy joven.

En efecto, si bien la idea tenía algún tiempo, es después de la Primera Guerra Mundial en que se comenzaron a sentar en firme las bases del voto universal, secreto y directo, aunque en la actualidad se está muy lejos de la perfección. Por ejemplo, en Alemania los partidos que no llegan al 5% no tienen derecho a estar en el parlamento, en Estados Unidos no se elige directamente al presidente, y todo se decide entre dos partidos que son grosera y públicamente financiados por los grandes magnates. Quizás Venezuela es el país que tiene el sistema más avanzado y seguro de conteo de votos, aunque adolece de fallas muy importantes, como la ausencia de una representación proporcional de las minorías o de  representación en el parlamente por sectores sociales, solo es territorial.

La democracia le plantea nuevos retos a la izquierda.

Ya no se trata de hacer insurrecciones ni revoluciones de minorías, sino de conquistar a las mayorías, que hoy por hoy en Venezuela, como en la mayoría de los países occidentales, están constituidas por los sectores medios. Y para esa conquista ya no basta con pregonar consignas en contra del imperio, de la derecha o a favor de los pobres, sino que hay que mostrar programas y resultados.

En la reciente elección del Alcalde de Bogotá la izquierda perdió el poder gracias a la pésima gestión de Petro, uno de sus líderes.

El que la izquierda no comprendiera eso y basara su estrategia política únicamente en la defensa de los sectores pobres y entender a los sectores medios como enemigos del proceso revolucionario la hizo casi desaparecer de la escena política, en Europa, en Estados Unidos y en América Latina, y lo está actualmente ocasionando en Venezuela.

La aparición de Chávez hizo que surgiera, primero una esperanza y después un ejemplo a seguir en muchos sectores progresistas del mundo. Por primera vez se habló de un socialismo sin cartillas de racionamiento, con absoluta democracia, sin igualitarismos ramplones, etc., es decir, sin ninguno de los vicios del estalinismo de los países del mal llamado “Socialismo Real”.

La desaparición física de Chávez trajo a nuestro país la maldición del estalinismo con la mayoría sus vicios y lacras, siendo el más notorio el de la escasez, ocasionando que Venezuela haya dejado de ser el referente de los sectores progresistas en el mundo.

Quizás la tarea más importante sea recuperar esa imagen y ese mensaje, porque de ello depende, en buena medida, el curso de los futuros cambios que se den en el mundo.

Resultado de todo lo anterior, y de otros puntos no tratados es que el proceso que inició Chávez está a punto de naufragar.

Pero como escribió Angela Zago, el mundo no se acaba en diciembre, y se deben hacer esfuerzos en que se dé una revolución dentro de la revolución, que deseche al estalinismo y retome el pensamiento de Chávez, para alcanzar los preciados objetivos que él fijó.

Para ello hay que comenzar por  impedir que tres años de mala gestión borren 13 de fecunda actuación.

*Jubilado del sector informático y luchador social

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