Chávez un hombre gris vestido de negro

Porfirio Dávila

Escritor y poeta

Porfirio Dávila

Porfirio Dávila

Es extraño para mi hoy ver aun la imagen de ese hombre gris vestido de negro bajo un inclemente aguacero parado mirando al vacío, más allá de la multitud donde el universo termina, donde ningún retorno es posible, perdido, finalmente perdido en la fatuidad de sus convicciones y lo letal de su accionar para el futuro de todos.

Cuanto diera por descifrar, más allá de esta escena, su desesperanzada mirada, su cansancio de temores consolidados en lo insoluble de su propio transitar estéril ungido de argumentos acomodaticios y millones de artilugios para engañar y fascinar en medio de una tragedia nacional que aún hoy no cesa.

No será difícil para nadie seguirlo u odiarlo pero en lo racional no representa para ningún intelecto un reto el descubrir su gigantesco fracaso, su imagen real tras la cámara y el maquillaje para establecer su responsabilidad directa en el descalabro económico del país con mayor número de recursos del continente.

Sí, el hombre será el símbolo de una forma novedosa de gobernar, de argumentar desde la cima del poder para sostenerse en él aun a costa de la sangre, el sufrimiento y las lágrimas de sus conciudadanos haciendo de la mendacidad el cenit de su discurso dominador, alucinante y desequilibrado pero capaz de acomodar leyes emitir sentencias por encima de ellas y abusar de sus atribuciones haciendo de estos desmanes “acciones plenamente constitucionales”.

El despilfarro de nuestras riquezas, el desprecio por la vida, la perdida de la soberanía en lo territorial, en lo social y hasta en lo agroalimentario, la impunidad, la falta de lealtad hacia sus seguidores, la inseguridad y la desinformación a través de la propaganda será el signo histórico de su perfil como gobernante.

Ni socialismo, ni comunismo “aquí lo que importa es Chávez” no importan los más pobres, no importa el proletariado y poco importan los derechos de los otros cuando por encima de ellos está la figura del poder y sus aduladores. Ni Marx pero mucho menos Bolívar podrán ser mencionados como mentores de su gestión de 14 años. Ni ateo ni cristiano pues en el altar nacional sólo hay espacio para una teocracia donde hoy Maduro representa el sumo sacerdote de la divinidad ausente.

Sé que no lograré descifrar esa mirada y la pesada carga espiritual que refleja. Sin embargo hay símbolos elocuentes esa tarde de aguacero sobre Caracas: su luto para el cierre de campaña y su propia y absoluta soledad sobre una tarima larga que parecía una pista de despegue y despedida que nos dice de forma inequívoca que no volverá jamás.

https://www.facebook.com/porfirio.davila.9/posts/10151887636873996 4-10-2013

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