Las necedades de Dieterich

Orlando Albornoz

Profesor e investigador de la UCV

Orlando Albornoz

Orlando Albornoz

El profesor alemán residenciado en México Heinz Dieterich Steffan, quien es profesor investigador en la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México, ha sido entrevistado en el diario El Nacional (Entrevista de Eliécer Rivero. 4 de enero de 2016) y declara tal género de necedades sobre la situación política de Venezuela que cabe salirle a paso, aceptando que cada quien tiene derecho a expresar sus opiniones y El Nacional a recogerlas.[1] Se escuda el profesor en su condición  de sociólogo, cuando en verdad lo que expresa son opiniones, alguna de ellas absolutamente sin apoyo alguno. Forma el citado profesor parte de ese grupo de ‘cooperantes extranjeros’ que floreció a la sombra del fallecido líder venezolano, como los españoles Juan Carlos Monedero y Alfredo Serrano Mancilla, el francés Ignacio Ramonet, el argentino Atilio Boron, el director de cine Oliver Stone, la chilena Marta Harnecker, el futbolista Diego Maradona, el actor Sean Penn y así muchos de los que descubrieron que un líder político del trópico, potencialmente heredero del modelo ya gastado del ícono original Fidel Castro, podía ser rentable.

Dieterich no tiene obra empírica en el campo de la sociología –al menos no la conozco- y es fundamentalmente un ideólogo, hecho en sí que no le descalifica, en modo alguno. Sus trabajos se orientan hacia esta deriva del pensamiento, lo ideológico y su componente del deber ser. Entre sus libros se mencionan títulos tales como Fin del capitalismo global – el nuevo proyecto histórico, 1998; Socialismo del Siglo XXI, 2005; Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI, 2005; Hugo Chávez. El destino superior de los pueblos latinoamericanos y el gran salto adelante (Conversaciones con Heinz Dieterich); Cuba después de Fidel (con Fidel Castro y Felipe Pérez Roque), 2006.

Claro está, la intención de El Nacional no es neutra. De hecho glorifica a través de esta entrevista a todo aquel que puede sugerir el fracaso de Chávez como líder –como hace Dieterich que indirectamente llama al líder venezolano incapaz y condescendiente le llama, a su vez, ‘amigo’. Hay un párrafo excepcional, de esta entrevista, que deseo comentar. En primer lugar Dieterich señala que “Me desilusioné cuando mi amigo Hugo Chávez no impuso, por muchas razones, esa combinación de desarrollismo criollo posible y el paradigma científico-político del socialismo del siglo XXI, que hubiera puesto a Venezuela en la vanguardia de la sociedad global”. La desilusión de Dieterich parece más bien un regaño al discípulo que no hizo la tarea, y la presunción según la cual de haber seguido el socialismo del siglo XXI –esto es, mi pensamiento- hubiera puesto a Venezuela en la vanguardia de la sociedad global –aquí cabe una pregunta ¿habla en serio Dieterich cuando hace tal afirmación, que significa la necedad de asegurar que Venezuela, si se hubiera aplicado el socialismo a la Dieterich se hubiera colocado a la ‘vanguardia de la sociedad global’?

La verdad de los hechos es que si el país está en la sombría crisis actual no es solo responsabilidad de Chávez y de sus bolivarianos, sino justamente de todos aquellos gobernantes que no tuvieron las competencias para organizar una sociedad sostenible. Dieterich  omite señalar que Chávez fue la consecuencia de un proceso histórico estructural y no la causa de la crisis actual.

Por otra parte añade en la entrevista el ilustre profesor alemán residenciado en México que “Sin embargo, del socialismo del siglo XXI (Chávez) solo usó el término, no la institucionalidad respectiva. Por eso, ninguna persona sensata puede decir que hubo socialismo del siglo XXI en el país. Lo que fracasó en Venezuela fue un proyecto de desarrollismo criollo mal ejecutado” y vuelve a lo que parece definir su discurso, la desilusión. En efecto, declara que “Mi desilusión, sin embargo, fue continental. Hablé con casi todos los presidentes progresistas de América Latina y del Caribe y ninguno tenía una intención seria de trascender el sistema capitalista con una nueva civilización”. Esta es una declaración que señala un enorme poder de convocatoria cuando dice que “Hablé con casi todos los presidentes progresistas de América Latina y del Caribe”, afirmación ambigua pues no señala quiénes son esos presidentes ‘progresistas’ y halló que ninguno, ciertamente una ingratitud, ‘tenía una intención seria de trascender el sistema capitalista’.

Asegura que Chávez “no impuso el “desarrollismo criollo” junto con el paradigma científico-político del socialismo del siglo XXI que él propuso y, a la postre, el presidente Nicolás Maduro y Diosdado Cabello destruyeron su legado”. Tengo serias dudas de que el  socialismo del siglo XXI sostenga un ‘paradigma científico-político’ y más aún sobre la afirmación de que Maduro y Cabello hayan destruido el legado de Chávez. ¿Cuál legado amigo Dieterich? Chávez tenía un proyecto socio-político inviable, que duró tanto como su propia vida y tal legado no requirió la ayuda del dúo político de Maduro-Cabello para entrar en la crisis actual que amenaza con  su extinción.[2] De hehco el  5 de enero de 2016 el profesor de la UCV Eduardo Samán, ex ministro de Comercio manifestó  que una de las reflexiones del pueblo revolucionario es recomponer el chavismo para evitar que se siga erosionando.

 “Así lo señaló durante su participación en el programa Sin Coba, que se transmite por la señal de Venezolana de Televisión, donde indicó que “hay que impedir que se siga erosionando el chavismo, que ha sufrido una erosión que se reflejó en los resultados electorales, de grupos e individualidades que fueron quedando fuera y eso fue atomizando la fuerza”.

Añade Dieterich que “La debilidad estructural de la intelligentsia nacional, que no da la impresión de disponer de modelos civilizatorios adecuados para esta transición, es un factor agravante adicional”. Es una generosidad de Dieterich alertar a los venezolanos acerca de ‘la debilidad estructural de la intelligentsia nacional’. Lo lamento, porque he estado muy orgulloso de nuestra intelligentsia profesional y académica, de la cual, además, formo parte. Es más, he admirado en estos años el comportamiento de nuestros intelectuales y académicos, pues en tres  lustros en donde se han recortado los espacios gracias al acoso ‘socialista’ han hecho acto de presencia, expresando ideas, análisis de todo tipo, como los que, para mencionar un caso, han elaborado las academias venezolanas, con trabajos sólidos y serios, que alimentan ese orgullo citado, como Reflexiones y propuestas para la educación universitaria (2012) y Propuestas a la nación (2011). De modo que lo dicho en este sentido es no es solo una necedad de Dieterich, sino un insulto a nuestras capacidades, tanto intelectuales como académicos.

Descubre Dieterich que escasean en Venezuela hombres y mujeres de Estado maduros. Dice sobre ello que “Se ha perdido el equilibrio político y social entre las fuerzas bipolarizadas, que Hugo Chávez había logrado construir después de 2002. Establecer un nuevo equilibrio requiere hombres y mujeres de Estado maduros. En ambos bloques escasean esos cuadros. El actual equilibrio fluctuante implica un gran potencial de violencia y lucha extra-institucional”

Sobre el triunfo electoral de 6 de diciembre de 2015 señala que “El equipo ejecutivo de la MUD no es, precisamente, impresionante”. No sé en qué términos define Dieterich el concepto de ‘impresionante’. Personalmente pienso que justamente el desempeño de la MUD pudiera juzgarse como impresionante, porque en efecto lo es el haber ganado una elección contra todo el aparato de propaganda y de poder del actual gobierno. Es no solo impresionante sino un caso excepcional en la actividad política del país y de la región, pues es un ejemplo típico del síndrome bíblico de David-Goliat: “Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano”. (Samuel 17, 50).

Dice Dieterich que “…la clase política venezolana, en ambos sectores, se caracteriza por fuertes influencias de sectarismo, extremismo y vedetismo, que dificultan acuerdos equilibrados y razonables. La debilidad estructural de la intelligentsia nacional, que no da la impresión de disponer de modelos civilizatorios adecuados para esta transición, es un factor agravante adicional”. ¿Vedetismo en nuestra clase política? De nuevo ¿no disponen de modelos civilizatorios adecuados para esta transición, por la ‘debilidad estructural de la intelligentsia nacional’.

Hasta aquí estos breves comentarios, acerca de lo que llamo las necedades de Dieterich. Por lo demás, si bien las opiniones del alemán Dieterich le parecen valiosos al diario El Nacional sería oportuno recomendarle que entreviste sobre el tema a alguno de los numerosos intelectuales y académicos venezolanos que tienen una interpretación más sólida y fundamentada que las del vedetismo de quienes aventuran estas cuestiones con ligereza, amparados por el Auctoritas de la condición profesional, que me he permitido comentar en esta oportunidad como, para citar dos o tres nombres, los sociólogos Edgardo Lander, Tulio Ramírez  y Roberto Briceño León, el politólogo Aníbal Romero y si quieren alguien de la casa el historiador Elías Pino Iturrieta o un joven politólogo como Nicmer Evans o una de dos damas, sociólogos brillantes, como Margarita López Maya y Maryclen Stelling. Señalo este pequeño grupo, simplemente para citar algunos nombres que desafían la irresponsable afirmación de Dieterich acerca de nuestra intelligentsia, que no solo no es débil sino que tiene fortalezas de las cuales, efectivamente, al menos yo, estamos los venezolanos  sumamente orgullosos.

Del autor, entre otras obras, pueden verse Higher Education Strategies in Venezuela: Higher Education changes under a revolutionary government and the threats to academic freedom and institutional integrity (2003); La reforma de la educación superior y la revolución bolivariana (2001) y La función estratégica del post doctorado en el área de la educación, en América Latina y el Caribe. La sociedad del conocimiento y las World Class Universities (2016).

[1] Las referencias que tengo del Dr. Hans Dieterich, desde México, son de una persona honorable, de elevada reputación académica y muy respetada entre sus colegas y estudiantes. Uno de sus colegas en la UAM, amigo común,  me señala que “…..sus comentario en El Nacional me parecen interesantes porque él mismo se refleja como héroe intelectual de la izquierda democrática que junto con una gran personalidad como Chávez le llevarían a tener en sus manos un modelo de interés global, temática que desarrolla en sus cursos sobre globalización”.

[2] Intercalo como pie de página el comentario de mi interlocutor profesor de la universidad en donde trabaja Dieterich, quien me señala atinadamente como “El modelo chavista estaba agotado desde antes que lo tomara Maduro. El modelo chavista es ideología pura, al sentido de Geertz al hablar sobre la ideología como sistema cultural. Pero mucho me temo que al interior de la UAM los colegios académicos reúnen grupos que en el fondo lo que defienden son también ideologías, y desperdiciamos los recursos para generar conocimiento del más alto nivel en afiliaciones ideológicas más que en perseguir objetivos comunes. ¿Tiene la culpa el imperio capitalista? Es más probable que sea la falta de organización interna la que conduzca a las instituciones a desperdiciarse, independientemente del sistema político al que se aspire. Como dice la sabiduría popular: el pez se pudre por la cabeza. Venezuela no logró su ideal revolucionario pues desde el origen ya venía con la cabeza poco sana”. Ocurre que el ‘imperio’ es la mejor excusa, externa a la universidad, para justificar, a menudo, sus incompetencias al interno de las mismas”.