La farsa de la guerra económica

Alfredo Schmilinsky Ochoa

Luchador político

Alfredo Schmilinsky Ochoa

Alfredo Schmilinsky Ochoa

Comentarios a un correo: “Comparto en casi su totalidad el contenido de este correo. Y una de las cosas con la que no estoy de acuerdo es que acepta que la guerra económica sea una realidad. No, la guerra económica es una excusa para justificar un desabastecimiento provocado por el propio gobierno con sus ataques de toda índole contra los sectores productivos del país. Y para probarlo, sólo habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿cuánta cantidad de alimentos tendrían que guardar o esconder diariamente los productores del país para dejar sin comida a una población de 37 millones de habitantes? Millones de toneladas diarias. ¿Y dónde, en qué parte, se podría esconder esta gigantesca cantidad de rubros alimentarios, incluyendo la leche en polvo? ¿Dónde, en qué parte, se podrían almacenar los millones de litros de leche dejados de enviar diariamente al mercado? ¿De qué tamaño tendrían que ser los equipos de refrigeración para conservar en buen estado ese alimento durante más de cuatro años? No existen esos equipos ni esos lugares, porque ni siquiera en los distintos estadios del país se podría alojar tal cantidad de alimentos.

De manera que lo que en realidad sucede es algo muy distinto: lo que ocurre es que los productores, en desacuerdo con los precios que el gobierno les fija a sus productos, en algunos casos han cerrado y en otros simplemente han reducido la producción para no tener que bajar definitivamente la santamaría. Pero en cualquier caso, lo que sí no tendría sentido sería ponerse a producir para luego esconder lo producido. Lo sucedido recientemente con los huevos es muy revelador de lo que en realidad está ocurriendo. Estos productores, o al menos algunos de ellos, optaron por dejar que se pudriera esta mercancía. Pero otros apelaron a acciones más radicales y extremas, como la de destruir la mercancía en plena vía pública. Y todo, como ya dijimos, por no estar de acuerdo con los precios que les impuso el gobierno. Algo de razón debían tener cuando prefirieron perder las inversiones hechas y el esfuerzo realizado antes que vender los huevos a esos precios.

Pero, además, la escalada inflacionaria, que ya ha colocado este indicador en los tres dígitos y que ha elevado el costo de la vida a niveles como jamás se habían registrado en nuestro país, ¿también será, por casualidad, consecuencia de la guerra económica? Cuál será la explicación que estos gobiernos chavistas podrían ofrecer en relación con este fenómeno? No ofrecen ninguna, porque la que podrían dar les resultaría demasiado comprometedora. Ya que una de las causas que ha provocado el desmadre de los precios es sin duda el torrente de dinero que el gobierno, a través de mecanismos como las pensiones y otros gastos improductivos -Chávez otorgó 2 millones quinientas mil y éste otras 500 mil- ha echado a la calle, con el consiguiente desbarajuste del proceso económico nacional. En relación con este hecho que no dudamos de calificar de insensato, tal vez sería conveniente aclarar que además de las implicaciones negativas que en el aspecto económico esta irresponsable regaladera de dinero ha tenido, la misma constituye un delito de malversación. Y eso no es todo, porque esa malentendida política social practicada en favor de unos pocos, ha tenido, mediante la grave distorsión de la economía provocada por esa política, unas consecuencias sociales desastrosas para la mayoría. Es decir, se les regala dinero a unos pocos y otros muchos pagan las consecuencias. ¿Dónde están entonces las ventajas de la tan cacareada política social del gobierno? Lo cierto del caso es que esa política de la regaladera no podía quedar impune y tarde o temprano tenía que pasarles factura y se las pasó.

Por otra parte, el profundo deterioro del valor adquisitivo del bolívar ¿también podría atribuirse a la guerra económica? Estos gobernantes todo lo que hacen, como lo demuestra la práctica sistemática del nepotismo, es pensando en su intereses particulares y, especialmente, en su permanencia en el gobierno. En ellos no existe otra preocupación que esa. De allí que nunca hayan dudado en tomar decisiones populistas y electoreras, sin importar las nefastas consecuencias que las mismas pudieran tener. Un buen ejemplo de esto son las mencionadas pensiones. Como se podrá suponer, para poder cumplir con este descomunal compromiso el ejecutivo tiene que disponer de una gigantesca masa de bolívares que no tenía ni tiene ahora, porque más bien desde hace bastante tiempo viene arrastrando un importante déficit fiscal y los precios del petróleo se han venido desplomando. ¿Qué hacer entonces? Bueno, a la mentalidad tan simplista de nuestros gobernantes no se les ha ocurrido otra cosa mejor que devaluar, obtener más bolívares por los dólares que le vende al Banco Central. Esta práctica era la que el ejecutivo venía utilizando para obtener los mencionados recursos, pero como a la misma resultaba ya completamente imposible seguir apelando, han empezado a emplear otra no menos nefasta que la anterior. Se trata, como lo ha denunciado Rodrigo Cabeza, de imprimir y echar a la calle un dinero carente por completo de respaldo. Es decir, para abreviar, una masa dineraria que supera ampliamente las necesidades del mercado y de las transacciones comerciales y económicas del país. Resultados de la utilización inmoral de la maquinita de hacer billetes, ha sido una elevada inflación y la consiguiente pérdida del valor del bolívar. Por eso volvemos a preguntar: ¿este profundo deterioro del valor de nuestra moneda ¿también se debe a la guerra económica?

Pero volviendo a los controles de precios, en torno de este tema publicamos varios artículos solicitándole al gobierno la derogatoria de estos controles, porque estimábamos que esa era la causa principal del desabastecimiento y de los elevados precios que la gente estaba pagando por los artículos que en el mercado negro lograba conseguir. Pero, además, hacíamos esa solicitud, porque era evidente que lo importante para las personas era conseguir los productos sin importarle casi lo que tuvieran que pagar por los mismos. Sin embargo, con una soberbia inaudita que nada tenía ni tiene de revolucionaria, sin importarle a Maduro las tribulaciones que la gente estaba pasando debido a la crítica escasez de alimentos, desoyó estas recomendaciones y continuó y aún continúa con los malhadados controles de precios. Con lo cual consiguió entre otras cosas terriblemente funestas, que los niños en edad de lactancia tuvieran que renunciar a sus teteros y a sus cereales por las mañanas. Es decir, que prefirió regalar pensiones, prefirió regalar canaimitas y centenares de miles de tabletas, realizar actos de un dudoso beneficio para el país, que abastecer el mercado de leche a fin de que nuestros niños pudieran contar con un alimento para el cual, en el caso de ellos, no existe sustituto. Sólo por esta vía, por la vía de la desaparición de la leche, el gobierno perdió como mínimo el voto de 2 millones o dos millones y medios de madres que han pasado por el trago amargo de tener que dejarle de dar el tetero a sus hijos, y eso, como ya dijimos, por la crónica e injustificable escasez de leche. Es decir, por la desaparición de uno de los tres alimentos completos que existen y que es indispensable sobre todo durante el período de la formación de los huesos. Con lo cual se está creando una generación, la generación Maduro, de raquíticos y desnutridos en Venezuela. Y ese flamante organismo que es la LOPNA, cuya función es velar por la niñez de nuestro país ¿qué? ¿Qué ha dicho al respecto? Nada, porque si se atreve a abrir el hocico para protestar por esta dramática situación que vive la niñez en nuestro país, serían botados sin contemplaciones. Ya que ellos no están allí para realizar las funciones que supuestamente deberían realizar sino con fines propagandísticos y publicitarios.

En torno de esta importante cuestión de los controles de precios, llegamos a escribir en la propia página del PSUV lo siguiente: “¿Qué sentido tiene mantener en pie una medida como los controles de precios que no controlan nada? Que por el contrario, han resultado un rotundo y estrepitoso  fracaso, y que más bien han servido para incrementar desorbitadamente el costo de la vida, provocar desabastecimiento y ahuyentar a quienes tendrían interés de invertir en Venezuela. Estos controles, como lo ha estado demostrando la experiencia, deben desaparecer. Y hacerlo en el marco de una política de incentivos a las inversiones. Pero también, en lugar de estar atacando a los productores, lo que se debe hacer es ofrecerles incentivos fiscales que los induzcan a incrementar la producción y a la creación de nuevas empresas. Es así como se construye en nuestros días el progreso y prosperidad de las naciones, y no con fantasiosas quimeras irrealizables, que lo único que han logrado es conducir a otros países a dolorosos y decepcionantes fracasos”. Como es ya la característica de estos gobiernos, cero respuesta.

alfredoen_schmili@hotmail.com