La salida como acierto histórico y político

Franklin Piccone

Licenciado en Letras

Franklin Piccone

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Existe, como es noticia pública ya, una crisis severa en todos los órdenes del país, y parece haber un consenso nacional que apuesta a la salida del gobierno como requisito indispensable para corregir el entuerto al que están sometidos todos los ciudadanos.

El tema central pasa por decidir la vía constitucional, democrática y pacífica, con la cual, los venezolanos puedan otorgar el mando a un gobierno de transición que encamine por rumbos más acertados la economía y el futuro del país. Nadie niega, ni el propio gobierno, que el modelo productivo propuesto por el oficialismo hizo aguas. Sería propicio observar a Cuba, tendiendo puentes con el gigante del norte, en aras de rectificar paradigmas políticos y sociales escleróticos e ineficientes.

No puede ser de otro modo, cuando se solicita la asistencia de un doctor, no se pregunta si es de izquierda o de derecha, solo se espera el tratamiento profesional y oportuno que supone su credencial. En estos momentos cruciales, se necesita respuestas inmediatas por parte de una dirigencia más capaz (y puede que en esa apuesta se equivoque el país, aun así es recomendable un cambio de timón antes que continuar en este suplicio de insólitas falacias). La nación no soporta más ministros leales ideológicamente, pero incapaces, una y otra vez, según la cartera de turno, ante las demandas de una ciudadanía cada vez más depauperada.

Visto así las cosas, esta salida debe cumplir con ciertas exigencias, a fin de que sea un acierto histórico y político. El costo social de la medida es un aspecto a considerar. Por ejemplo, en el pasado reciente Voluntad Popular impulsó una Constituyente a título personal que fracasó, y este viernes 19 de febrero, Primero Justicia, jugando posición adelantada (con el propósito de recuperar un liderazgo mermado dentro de la MUD), propone de nuevo un Referéndum Revocatorio. Estas medidas implicarían repolarizar (que es a lo que apuesta el gobierno) el ambiente. Es de nuevo, enfrentar venezolanos entre sí por el estado de cosas, amén de la persecución política y de un esfuerzo y una organización demandados por parte de una ciudadanía sólo preocupada en los actuales momentos de llevar a casa los productos de la cesta básica. En mi modesta opinión, no representan el medio más expedito.

El requerimiento del consenso es vital. La decisión debe ser macerada y afinada por todos los partidos de la MUD, incluyendo aquellos que hoy no están dentro de la maqueta de la oposición tradicional, pero que guardan distancia con el gobierno. En otras palabras, mientras más consenso tenga la propuesta, más blindada estará para hacerle frente a los ataques jurídicos y políticos del adversario. Si cada partido (léase Primero Justicia) o cada dirigente (por ejemplo, Capriles Radonski, preocupado más por su candidatura presidencial) lanzan a diestra y siniestra iniciativas apresuradas y poco factibles, terminarán por confundir a la ciudadanía y la desanimarán por la falta de entendimiento y coherencia.

El escenario o el terreno de juego es otro de los elementos a evaluar, tal y como si fuese un partido de fútbol, hay que jugarlo en casa para ganarlo. Dicho de otro modo, el Referéndum Revocatorio implica calle, y es un terreno donde las fuerzas de seguridad del Estado y los colectivos tienen ventajas incuestionables. Por su parte, la Enmienda se circunscribe al ámbito del parlamento, donde la oposición es mayoría indiscutible y la victoria de la medida estaría cantada de antemano. Si es así, ¿para qué aventurar en otros espacios que implican confrontaciones de resolución mayor?

Finalmente, la salida tiene que estar emparentada con el ánimo y el clamor de la gente en la calle. Los venezolanos no quieren retrotraerse a escenas ya pasadas. Esperan de los profesionales de la política, la decisión más ajustada y razonada. Una que sirva a la colectividad entera, y no a un grupo en particular. Aquella que logre unir incluso a los que hoy tienen puntos de vista diferentes, porque la crisis, a fin de cuentas, la viven todos por igual.