¿Más de 7.700.000 jarrones chinos?

César Villarroel

Profesor e investigador de la UCV

Cesar Villarroel

Cesar Villarroel

Antes de las elecciones del 6-D (2015) las expectativas de la oposición eran muy modestas; en el mejor de los casos la MUD podría ganar la contienda, pero “en forma muy apretada” y, sin embargo, sobraban planes y proyectos en dos direcciones: el rescate (en lo mediato) del sistema democrático, y el abordaje (en lo inmediato) de los problemas que han hecho colapsar nuestra economía. Se realizaron los comicios en diciembre y sus resultados mostraron una realidad sobrevenida que evidenció un triunfo apoteósico del sector opositor pero que la MUD no ha sabido manejar pues, hasta ahora, los propósitos básicos de una nueva AN (rescate de la democracia y cambio urgente del modelo económico) no han recibido atención prioritaria; por el contrario el oficialismo ha arropado a la oposición nulificando su eficiencia y eficacia.

¿Ha podido el sector opositor, a las primeras de cambio, actuar de manera distinta? Sí. El Gobierno decidió convertir al TSJ en alcahuete mayor de sus sinvergüenzuras, lo que no puede evitarse, por ahora, porque nos enfrentamos a una dictadura que nos obliga a acatar sus dictámenes pero no su impunidad. Cuando el TSJ decidió quitarle tres diputados a la oposición, ésta tenía que acatarlo pero denunciando nacional e internacionalmente el verdadero motivo de esta medida: preservarle a Maduro una prerrogativa que desaparecía si la oposición hubiese contabilizado como ganancia las dos terceras partes de los votantes, suficientes para revocar el mandato de Maduro. Eso no sólo hay que decirlo sino gritarlo para sincerar las cosas. Esa derrota de Maduro tiene, y siempre tendrá, tufo a puntapié electoral.

¿Por qué en las primeras confrontaciones la oposición lució tan desvalida? Porque ha equivocado su compromiso y sus fortalezas. El compromiso no es sólo con el país, sino, principalmente, con los más de siete millones de votantes que consideraron que el modelo económico debía cambiar, y que hoy miran y sienten que son jarrones chinos, es decir, instrumentos inocuos que no cumplen ninguna función o propósito. El equívoco por parte de los opositores es creer que el proceso electoral termina cuando la señora de siempre proclama que los resultados son irreversibles, no, el proceso nunca  termina porque los resultados de una elección siempre deberían convertirse en un sistema de hipótesis a ser corroboradas en la acción planificada. Eso es lo que debería ser el principal propósito de los resultados electorales del 6-D: planificar el cambio inmediato hacia un nuevo modelo económico.

La urgencia de la AN debe estar signada por la atención y consideración del problema económico, para esto no se necesita el permiso del Ejecutivo porque no se pretende crear leyes, sino someter a la consideración del electorado (tanto de los siete millones opositores como de los cinco millones del sector oficial) una propuesta de acuerdo sobre el tratamiento de urgencia que debe dársele a nuestra colapsada economía. Un acuerdo sobre cosas concretas; por ejemplo, ¿quién es el responsable de mantener un dólar a 6,30, ahora a 10? Si Maduro es quien decide su permanencia, entonces que le explique públicamente al país las razones de tal medida. Y así como esa hay una serie de medidas puntuales que no definirán la política económica del país porque eso se resolverá durante la próxima contienda presidencial, pero que ayudarán a frenar la crisis. Y, ¿qué pasa si tirios y troyanos no se ponen de acuerdo? Entonces habrá que consultar al soberano como lo establece la Constitución.