El Gatopardo

Ángel A. Guerra Yánez

Profesor universitario

Ángel Guerra Yánez

Ángel Guerra Yánez

Hago mío en esta oportunidad el título de la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa por las contradicciones morales que resalta, a propósito de nuestros políticos ante la situación que vivimos.

Para nadie es hoy cuestión de especialistas opinar sobre lo que más nos conviene para intentar salir de la crisis. El país está a reventar. La gente está al borde de acciones desesperadas. La impotencia frente a la situación se hace día a día más insoportable.

Los políticos actúan dejando a buen resguardo sus intereses cuando ofrecen soluciones, que respaldarían entre ellos a sabiendas de que cualquiera sea el alcance de éstas, significará para el pueblo, en medio de la crisis, una esperanza de cambio a la que no dudarán en darle su apoyo. Después de todo la vida en esto se nos va toda en esperanzas.

Se vienen planteando salidas, constitucionales todas; pero con la carta bajo la manga de sus protagonistas de preservar los intereses políticos, tanto de ellos como los del gobierno, que supuestamente nos sacarían del laberinto.

Son conocidas, en cambio, las opiniones de especialistas que con ojo avizor están viendo un horizonte más lejano y prometedor. ¿Qué piensan? Con argumentos de peso incontrovertibles constitucionalmente, que las solución no pueden ser sólo cambiar de presidente, dado que se trata de un sistema colapsado en todos los sentidos, que ya no resiste maquillajes porque al final todo quedará igual: Una solución a lo gatopardo.

Especialistas que actúan con los pies sobre la tierra, sin cartas bajo la manga, que no están cuidando intereses como posiciones en la Asamblea y otras que saben tendrían que arriesgar con salidas de otro tipo.

Los otros nos venden sus opciones: Referendo, Enmienda o ambas, a sabiendas que la descomposición a que ha llegado el país reclama soluciones de amplísimo espectro, destinadas, no solo a un cambio de presidente, sino a todo un entorno personal y legal, Institucional y estructural, que no resuelve ninguna de esas propuestas y que en sí mismas tendrían que ser cambiadas también.

El país está en el suelo. No se puede salir de su crisis de un año para otro. No corrige sus desviaciones en lo inmediato o mediato siquiera. No será cuestión de un año, de dos o quizás más. Pensar en soluciones gatopardianas es criminal, es antipatriótico. “Vacilar es perdernos” como diría el Libertador. La paciencia, como todo, tiene límites.

No tenemos infraestructura de producción de ningún tipo, no tenemos recursos para importar siquiera lo imprescindible para alimentarnos, no tenemos organización para combatir la corrupción ni otras plagas que se desatan bajo las crisis, no tenemos, en fin, futuro. Es tiempo que todos metamos el hombro, o dejamos que el barco se hunda definitivamente. Los políticos, los militares, industriales y comerciantes, los venezolanos, todos en general, tenemos un gran reto: o damos el golpe de timón hacia un rumbo cierto o vamos al naufragio. El país se nos escurre de las manos como el agua.

“Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”

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