Escriben sobre la UCV

Doy clases en la UCV el jueves y viernes en la noche. Desde hace mucho tiempo he insistido en la falta de seguridad adecuada en el campus. Los pocos y casi siempre ineficientes vigilantes que hay en el día desaparecen, los pasillos y áreas abiertas se convierten en una amenaza. Salimos rápido, en grupo para acompañarnos al metro o estacionamientos, viendo encima del hombro hacia atrás, preparados para el zarpazo del infortunio. Pero desde hace un mes he estado observando una faceta más del caos. En el pasillo que sale desde FACES hasta la Facultad de Arquitectura e ingeniería se ha ido dando un encuentro obsceno y delincuencial. A los alrededores de la Facultad de Derecho grupos se reúnen a beber, cada uno con su cava, a veces hay música, imagino que drogas. De muchos puede pensarse que no son miembros de la comunidad.

Ayer fue particularmente tenebroso. Aunque aún había clases en Derecho, el pasillo estaba tomado por un grupo bailando un reggetón a todo volumen, había humo de parrillas que se hacían en el área de los bancos frente a derecho, la mayoría bebiendo sin ningún recato. Más adelante, en Arquitectura, el mercadillo de drogas con el consumo de la evidente marihuana y quien sabe qué otra cosa, era más activo y floreciente que nunca.

Además de la rabia de ver a la UCV que es mi casa, convertida en algo peor que un botiquín de mala muerte, por lo desfachatado de la “fiesta” y sus participantes, me indigna y escandaliza sobre todo la indolencia e indiferencia de la comunidad, desde los estudiantes, profesores, empleados, obreros y especialmente de la autoridades, comenzando con la rectora. Les preguntó ¿Saben lo que sucede en el campus generalmente en las tardes y noche? ¿Han caminado por la noche, por pasillos y jardines para conocer qué padecemos los que hacemos nuestro trabajo? ¿Tienen algún plan para remediarlo en alguna medida?

Todos somos víctimas de la degradación de la vida en el país, nos hemos visto afectados de algún modo por el derrumbe, que se me hace cada vez más evidente, es principalmente ético y moral. En especial la conducta de los dirigentes, impasibles al sufrimiento de la población, preocupados solamente por sus asuntos mezquinos. El repudio y vergüenza al espíritu protervo de la clase política que nos gobierna y que es la justa causa del rechazo que les tiene el país, debería enseñar a nuestras autoridades universitarias. Ellos que además deben ser imagen invertida de aquellos, deben ocuparse de no perder los lazos orgánicos y no solo formales con la comunidad a la que deben sus afanes y que los tiene, por ahora, como sus aliados y dirigentes legítimos.

Que a las agobiantes circunstancias que tenemos que cargar los ucevistas en nuestro esfuerzo por seguir adelante, dejen de sumarse la rabia por la conducta indolente y despreocupada de las distintas autoridades de la Universidad por los asuntos que son de su competencia y que deben ser resueltos.

Luis Marciales

19 de marzo 2016

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