La UCV víctima de la descomposición

Luis Fuenmayor Toro

Coordinador Nacional de “De Frente con Venezuela”

Luis Fuenmayor Toro

Luis Fuenmayor Toro

Es inevitable escribir sobre la grave situación que atraviesa actualmente la UCV, la institución universitaria más antigua del país, que desde su creación hace 295 años ha soportado desde la desidia de la monarquía española que la fundó, pero no se ocupó de darle los recursos suficientes para su adecuado funcionamiento, hasta el maltrato del gobierno actual, que no sólo la ha limitado financieramente sino hostigado al máximo con sus bandas de delincuentes armados y sus leyes anti autonómicas dirigidas a impedir su desarrollo académico y a generar divisiones y enfrentamientos entre los sectores sociales que hacen vida en la institución, además de someterla a la imposibilidad de renovar sus autoridades con normativas inconstitucionales e ilegales.

No es la UCV la única víctima de esta política suicida gubernamental. Es todo el sistema universitario nacional: una parte del mismo por ser considerado enemigo de un proceso político que nada tiene de revolucionario, mientras la otra parte, la creada especialmente para garantizar fidelidades y sumisiones muy alejadas de la esencia académica, en absoluto recibe el trato que instituciones de nueva creación deberían recibir, para garantizar su pleno desarrollo. Es claro que estamos en presencia de un gobierno enemigo de la educación y del desarrollo de las ciencias y la tecnología, lo cual trata de esconder con un discurso mentiroso y manipulador.

La UCV es actualmente víctima del asalto inmisericorde de la delincuencia política y común, que así como se han apropiado de pedazos del territorio nacional, donde el Estado ya no ejerce su autoridad, hoy destruyen y expolian impunemente aulas y laboratorios y asaltan permanentemente a miembros de su comunidad, ante la indiferencia o simpatía oficial y la inacción por dejadez, incompetencia o miedo de las autoridades universitarias. Estos lamentables sucesos han ocurrido recientemente en el Instituto de Medicina Tropical, en laboratorios dedicados al estudio y enfrentamiento de las enfermedades del pueblo pobre. Otro tanto ha ocurrido en muchas otras dependencias, en clara demostración que los más de 400 vigilantes que trabajan en la UCV o no cumplen con sus deberes y estafan a la nación o son cómplices de las acciones delictivas. ¿Y qué hacen las autoridades universitarias?

Unir a toda la comunidad es para el rescate institucional es una tarea urgente, pero esa acción tropieza primero con la traición de una parte de esa comunidad, que olvidó sus compromisos con la institución y colocó por delante sus devaneos ideológicos, por lo que avalan acciones del gobierno actual que combatían años atrás. Otra debilidad institucional es la carencia de una proporción mayoritaria de profesores a dedicación exclusiva y tiempo completo, el personal de planta defensor de la educación, el conocimiento y la autonomía. Hoy también hace falta un movimiento estudiantil combativo y comprometido con la academia y no con politiquerías antinacionales. Estamos en presencia del peor momento para las universidades desde 1959 para acá: un gobierno enemigo y una dirección interna que tiene muy poco de académica y mucho de oportunista.

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