El país al borde del colapso

Luis Fuenmayor Toro

Coordinador Nacional de “De Frente con Venezuela”

La imposibilidad de lograr un acuerdo que garantice alguna rectificación del Gobierno, la pretensión de éste de eternizarse en el poder aun en contra de la voluntad soberana del pueblo venezolano, la toma armada por parte de la delincuencia común de áreas importantes de barrios, pueblos y ciudades; la profundización de la escasez, la inflación, la inseguridad y la insalubridad; el secuestro de las pocas mercancías existentes por bandas poderosas de acaparadores y revendedores conocidas como bachaqueros; el colapso eléctrico nacional inducido por la negligencia, impericia y corrupción gubernamental, acentuadas por el fenómeno natural de El Niño, crean toda una situación, que anuncia la alta probabilidad de ocurrencia de una desintegración de la nación venezolana.

Pareciera que hasta aquí llegó Venezuela. Dos siglos de lucha republicana no fueron suficientes para enfrentar exitosamente los retos derivados de la imperiosa necesidad de abandonar el subdesarrollo. A partir de 1959, se instaura en el país el modelo político económico impulsado por Rómulo Betancourt, el cual lejos de ser exitoso nos ha hecho permanecer en el subdesarrollo de todo tipo. Se nos impone un errado diseño democrático bipartidista excluyente, cuya base económica la constituyó el rentismo petrolero y minero, que no requería de desarrollo científico tecnológico, ni de una población educada y capacitada para el desempeño de trabajo complejo. Un discurso demagógico, mentiroso y manipulador ha escondido durante más de medio siglo esta ingrata verdad.

La violencia social, los enfrentamientos, incluso la guerra civil, aparecen hoy como escenarios más probables ante una sociedad completamente dividida por su élite gobernante y opositora cómplice. La “polarización”, ayer presente como bipartidismo adeco copeyano y hoy como enfrentamientos PSUV-MUD, ha sido una constante en la vida política venezolana de este período. Lo distinto hoy es que la consensuada alternancia entre AD y COPEI del pasado no es aceptada por quienes están en el Gobierno, quienes se consideran predestinados a gobernar para siempre. Es realmente un enfrentamiento de élites y no de modelos políticos, ni mucho menos económicos, lo que se desarrolla en Venezuela. Por supuesto, el discurso de ambos dice otra cosa.

La no realización de las elecciones regionales ni del Referéndum Revocatorio pareciera significar una suspensión del sistema democrático constitucional, sin precisarse por qué lapso. La imposibilidad de salida democrática consensuada abre el camino de las salidas violentas: golpe de Estado, insurrección popular o guerra civil. Si a esto le unimos la producción de una situación caótica ante un colapso eléctrico y la actuación del hampa común, hoy más poderosa que nunca gracias a acciones de protección gubernamentales motivadas en ideologizaciones absurdas, estarían dadas todas las condiciones para una intervención externa, que significaría un desastre nunca visto en el país después de la Independencia y que dejaría una Venezuela muy destruida y muy disminuida dentro de la comunidad internacional por décadas.

Anuncios