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El decreto de estado de excepción

El decreto de estado de excepción nos sume en la barbarie, nos coloca el yugo de lo inconstitucional como destino, nos hace habitantes permanentes de la escasez y la miseria, nos conduce a una hambruna inconcebible ya indetenible en un territorio bañado de riquezas naturales y de grandes talentos oprimidos por la empoderada ignorancia y la ideología de la exclusión con el uso de la fuerza.

El decreto de estado de excepción no pretende la continuidad de Maduro, pretende capitalizar y controlar el desarrollo de los próximos acontecimientos, por más cruentos que estos sean, a favor de la élite gobernante para permanecer en el poder más allá de Maduro, intentando garantizar su propia impunidad y el disfrute de lo saqueado a nuestra gran nación.

El decreto de estado de excepción no representa en sí mismo el temor que pudieran tener los delincuentes que ostentan el poder, no, es la estrategia medida, adecuada y vilmente diseñada para la destrucción del estado.

No podemos ser tan ingenuos para creer que un “asustadizo Maduro” , ante un referéndum revocatorio en puerta, se ve obligado, en su desesperación, a decretar un estado de excepción. Es el momento de entender que este mal de 17 años que nos aniquila tiene cuentas pendientes con la justicia mundial y no encontrara refugio en ninguna parte del globo terráqueo, salvo en nuestra desgraciada institucionalidad corrupta bajo el control absoluto del partido-gobierno.

La acción de Maduro y su séquito está impregnada de intranquilidad pero es la respuesta final de una fiera (entiéndase “gobierno”) que agoniza no teniendo ya nada que perder en lo político y que morirá como existió sin valores, sin principios y sin ningún respeto por nada ni por nadie y por supuesto sin temor.

Porfirio Dávila

Mayo 2016

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