Del socialismo salvaje de HChF al terrorismo troglodita de Maduro

Américo Gollo Chávez

Filósofo y Profesor Titular de LUZ

Américo Gollo Chávez

Américo Gollo Chávez

Desde que el mundo es mundo y éste hechura del hombre ha habido, habrá siempre y continuará sin fin seres perversos, irrecuperablemente enfermos, imposibles de sanación, diría un cristiano. Y también seres imposibles de enfermar de esos males, que su salud humana fue, es y  está siempre en luchar para limitar la arbitrariedad y maldad del poder.  El poder es espacio fuente, causa, de las enfermedades que conforman la perversidad política, religiosa, económica, orgiástica… Acerquémonos a esto. El poder genera una pasión altamente paranoica para alcanzarlo y una vez logrado, como si fuese un cáncer  de imposible cura, envenena a quien lo alcanza. Una de las enfermedades típicas engendradas por el Poder es la esquizofrenia. Tanto como pérdida de la realidad cuanto como pérdida de su mismidad. Este enfermo cree ser un superior al resto del clan, la tribu, la sociedad, está absolutamente convencido de que es rey, que si no es dios, es como dios. Y auto convencido de que es el supremo tiene derecho a establecer quien esté con él, quien lo obedezca, quien lo proteja, hasta hacer que el súbdito se convierta en esclavo.

La pasión paranoica para alcanzar el poder y la esquizofrenia para reafirmarse y mantenerse en él, tiene como su otra cara, la necrofilia, todo quien no sea fiel, hereje, libre pensador, crítico, ha de morir. Bien sea la muerte física o mediante el silencio que lo hace abúlico, indiferente, finalmente. La muerte se convierte en placer, su placer se convierte en sadismo, que a su vez le permite esconderse en su propio miedo sin que nadie “sepa” de él.

El poder, pues, genera placer y miedo a la vez. Placer de tenerlo y ejercerlo a su antojo y el miedo a perderlo es igualmente permanente. La cuestión se complica un tanto cuando el amo del poder tiene algún fundamento ideológico, una dogmática que lo justifique. El poder autocrático en nombre de dios, el poder como voluntad de dios, pero, si se estudia cuidadosamente se desvela que es dios sometido al poder. Recuérdese la Inquisición y el terrorismo islámico, o regímenes como el soviético, que con su materialismo histórico y dialéctico buscaba dar corpus teórico a su dictadura. El nazismo de Hitler buscó  justificación, etc. Más, cuando no hay ninguna fuente ideológica se recurre a deificar al líder. Indi Amin, puede ser buen ejemplo, Videla, y con caracteres mas complejos, míticos, la dictadura de Fidel, ya horadada por Obama y Raúl. La democracia también ha alcanzados dogmas severos. El Macartismo y el anticomunismo en general son  atrocidades en nombre de la democracia.

En el caso venezolano, el socialismo salvaje de Hugo Rafael es evidencia cruel de esta insania. Salvaje por su violencia y por su primitividad. Hoy ya nadie recuerda que era  originario, indoamericano, ronbinsoniano, bolivariano zamorano, cristiano. Un inmenso ANO donde cabe y navega toda la ignorancia, y un líder hecho a la medida de esa ANOnidad. Maduro amplía la ignorancia con la imbecilidad. Antiimperialismo, patria, presidente obrero, hijo primogénito, ungido  de Chávez, y un pajarito que sirve de medium para traerle los mensajes de Chávez al poseso. Pero, Maduro retrocede aún mucho más. Nicolás vive en el precámbrico y una práctica terrorista troglodita. Para Maduro la realidad no existe, sus decretos de guerra a muerte al hampa, que el régimen engendra, los motores de la economía, es ficción que refuerza el genio de Aristóbulo, un racista enfermo que se cree Keynes para atender los asuntos de la economía, un paranoico que se cree Antonio Gramsci, para teorizar sobre política y un príncipe que deletreó muy mal a  Maquiavelo, y se cree Richelieu e Idi Amin, a la vez… Un verdugo que se cree jurista,  Diosdado.

 La cuestión no es preguntarse qué son, cómo son, quienes son… lo sabemos bien. La realidad la conocemos y reconcomemos muy bien. El país está destruido, no hay comida, no hay servicios, hay hambre, hay represión, abunda la ignorancia, se multiplica el odio, la difamación, la injuria, el escarnio público, el estado es narcotraficante, las instituciones y poderes se subsumen en el poder ejecutivo, la democracia ha muerto. La pregunta es por qué hacen lo que hacen, cómo lo hacen, con quién y contra quién lo hacen. Si se logra la respuesta adecuada, se puede hallar el camino adecuado para superar este flagelo. Esta desgracia. Ganarle a Dante y demostrarle que sí se puede salir del infierno.

Hacen lo que hacen porque tiene pánico a la libertad. Hacen lo que hacen porque tiene miedo a al justicia. Hacen lo que hacen porque son incapaces de hacer. Hacen lo que hacen, destruir, porque en la destrucción hallan placer. Hacen lo que hacen porque su supuesto es, transitoriamente, rentable, si imbecilizan a las masas, pueden mantener el odio como medio de unión entre sí para la destrucción y muerte de otro. Hacen lo que hacen porque su hipótesis reitera la experiencia que solo bajo la ignorancia, la imbecilidad, la miseria se puede mantener el poder.

¿Se puede salir? Sí. Llegar a las masas, con la única arma, la verdad. Poner la verdad en la calle, en cada casa, dialogar con cada ciudadano y no tener miedo al riesgo por la libertad. No transigir con la trampa de silenciar a quienes se cree aliados, porque desnudarlos sería armas al enemigo. La inmoralidad, la corrupción, la burocracia, son aliados del régimen.  Callar la negación de Pedro a Cristo más que desvelar la abjuración es hacerse cómplice de Herodes y de Roma. ¡De Fidel y La Habana!