Estado empresarial

Gabriel Omar Tapias

Profesor Titular de la UNET

Gabriel Omar Tapias

Gabriel Omar Tapias

Para el año 1960, había en el Táchira una superficie cultivada de 29.078 hectáreas de maíz y para el año 1995, se habían reducido a 2.952 hectáreas. Si se coloca, en forma moderada, una producción de 1000 kilos por hectárea, se estaría hablando para el año 1960 de una producción de veintinueve millones setenta y ocho mil kilos anuales (Kg 29.078.000), lo que daría para la población actual, un promedio de 29 kilos per capita, suficiente maíz para la población existente en 2014, en el estado Táchira.  Sin embargo, el maíz se había reducido para el año 1995 a dos millones novecientos cincuenta dos mil kilos (2.952.000). El consumo de maíz pilado, en menos de 35 años fue reemplazado por la harina precocida. Este hecho, no se basó solamente en la migración de las zonas rurales, sino a un plan de un Estado-Empresarial. Para poder asegurar el consumo de la industria del maíz precocido, producto no conocido en el país antes del año 60, era necesario reducir el consumo de maíz “pilado”, maíz tratado en cada una de las casas, cocido y molido por la familia. Al  traer maíz africano, maíz más barato que el producido a nivel nacional, hizo que cientos de productores quebraran, facilitando el posicionamiento de la harina precocida.

Veladamente se producía en el país un proceso de transculturación, en donde, los únicos beneficiarios serian, el sector monopolista, hoy propietario de la harina precocida. Cientos de productores agrícolas fueron lanzados a las barriadas de las grandes ciudades. De seguro hay una correlación perfecta entre el aumento o consumo de la harina precocida, la importación de maíz desde África y la disminución de la producción y consumo de maíz “pilado”.

Esta tendencia de carácter nacional y regional se refleja en forma dramática en los municipios y aldeas, ya que estos cultivos eran medios autárquicos de subsistencia de las familias campesinas. Los cultivos tradicionales existentes en el Municipio Vargas fueron reemplazados por tomate, ajo, ajo porro, cebollín, coliflor, repollo, lechuga, cilantro, zanahoria y nuevas variedades de papa. Exigencias de cambio que hacia el mercado capitalista. Mercado que se correlacionaba con nuevas tecnologías y nuevos dueños de los medios de producción.

La muerte de los conocimientos alternativos trajo la liquidación o la subalternización de los grupos sociales, cuyas prácticas se asentaban en conocimientos de los cultivos tradicionales. (De Sousa.2007). Proceso que es justificado en función del desarrollo de nuevas tecnologías, conocimiento y nuevos mercados, obviando la diversidad, la salud y la sostenibilidad de las poblaciones locales, con consecuencias posiblemente irreversibles y que permitiría la monopolización de los productos creados y especulación con los mismos.

Se crea un mercado dominado por intereses propios del capital especulativo, como serían las hortalizas, el maíz precocido u otros productos que se sometan a las exigencias del mercado capitalista. Los consumidores más solventes son los que indican los productos que “el mundo necesita”, dándole vida a un proceso autotrófico de acelerada obsolescencia, destinada a explotar al máximo los beneficios económicos, que el conocimiento científico y tecnológico ofrece a quienes controlan esos mercados (Peña. 2006). La imposición de nuevas tecnologías, como la introducción de nuevos cultivos, semillas dependientes de la producción de las multinacionales, cultivos dependientes de los plaguicidas, caracterizados por sus altos costos, implantación de una agricultura dependiente de sistemas de regadío, solapada protección de las grandes empresas, establecen nuevas relaciones de producción, el desplazamiento de viejos propietarios y la inclusión de nuevos dueños de los medios de producción, creándose desplazamientos de carácter territorial de las poblaciones de origen local.

Muchos agricultores de subsistencia no pudieron o temían asumir los nuevos riesgos, que implicaba explorar el potencial biológico de los nuevos cultivos, y fueron desplazados por aquellos que dominaron o tuvieron acceso a ese conocimiento de la tecnología y de las nuevas exigencias de mercado. Resultado de ello, el consecuente empobrecimiento, exclusión y marginalidad de sectores de la población. Es así: nuevas relaciones de producción, toman sitio sobre formas de producción autárquica. La actual zona de El Molino, ubicada al lado sur de la Población de El Cobre, para el año 1960 estas áreas eran cubiertas por cultivos de maíz y frijol, hoy ha sido reemplazado por la parte urbana y, aquellos sectores no asumidos, son cubiertos por hortalizas.

La no aceptación, de una nueva cosmovisión del mundo, ante su resistencia cultural, hace que los promotores del capital, les establezcan como no calificados, lo que en jerga burocrática se mencionaría como “muy poco calificados en términos educativos para asumir los retos que el nuevo modelo de sociedad requiere”. Conformándose así, lo que Marx llamó “un nuevo ejército de asalariados” o “ejercito industrial de reserva”.

Hoy en día, los viejos hijos de las tierras de El Cobre y demás aldeas de esta Venezuela son parte de los barrios marginados de Caracas, Valencia o San Cristóbal o nuevas poblaciones en el Municipio Panamericano y la Fría, o en el mejor de los casos medieros de los nuevos dueños de las fincas o medios de producción.

En cuanto a los saberes y el conocimiento obtenido sobre variedades de las habas, de frijol y de mismas variedades de trigo que se habían adaptado a la región, en más de 300 años de cultivo de selección, desaparecieron. La ignorancia del mundo moderno de la miríada de especies promisorias, que son conocidas localmente y que han ido desapareciendo por aparición de nuevos cultivos como las hortalizas y avance sobre el bosque, es sorprendente.

El haberles mantenido no hubiese sido sólo curiosidad, sino que se tendría una base genética importante, tanto para la diversidad ecológica, como la económica, a la hora de toma de decisiones o planes de estado para menguar el hoy alto uso de insecticidas y sus enfermedades agregadas, o nueva tecnología que llegaron de la mano con los nuevos cultivos. La Organización Panamericana de la Salud (2000) reflexiona sobre estos aspectos lo siguiente: La guerra, los conflictos, los desastres ambientales, agregaríamos nuevas tecnologías, producen como resultado no sólo desplazamiento de la población, sino también nuevos grupos vulnerables, empobrecidos debido a la pérdida de posesiones y de nivel socio económico. Existen entonces diversos factores, creadores de pobreza, tales como: cambios ambientales, decisiones políticas y económicas de carácter exógeno, cambio de las relaciones de producción.

Kliksberg (2003) anuncia sobre la “falsa coartada”, en donde el neoliberalismo intenta convencernos –existen los convencidos– de que la pobreza es un problema individual y no de un contexto. Señala el autor que esta tendencia argumenta que los pobres son aquellos ciudadanos o sectores que “no han hecho suficientes esfuerzos en la vida”. Cuando el asunto es que la pobreza como el estado empresarial son un problema de contexto, agregaríamos un problema de contexto histórico.

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