La “eficiente” inutilidad

César Villarroel

Profesor titular e investigador de la UCV

Cesar Villarroel

Cesar Villarroel

Durante la Guerra de los Seis Días entre israelíes y egipcios (1967), y que ganaran arrolladoramente los primeros,   circuló a título de sarcasmo jocoso un chiste, según el cual, Nasser habría pedido a su contraparte soviética que le enviase más aviones de combate, a lo que éste habría respondido afirmativamente con un solo requerimiento: si los enviaba enteros o desbaratados para evitarle ese trabajo a los egipcios. Eso es lo que llamamos “eficiente” inutilidad, la incapacidad de sacar ventaja aunque se tengan todas las de ganar.

El chiste viene a cuento cuando analizamos el comportamiento de la AN frente a los desmanes del TSJ, que rechaza cualquier iniciativa de la Asamblea sin que ésta se tome el trabajo de disentir, mucho menos de protestar. Ante las propuestas del Parlamento el TSJ,  en aras de una mayor eficiencia burocrática, debería elaborar un formato con un membrete que destacara  la inconstitucionalidad de cualquier asunto que provenga de la AN, porque lo que importa es el origen parlamentario, y hacerlo firmar por el Presidente de la AN para dejar constancia de su entrega, en su doble acepción, al Ejecutivo.

Ante cada desmán del TSJ la AN queda paralizada; semeja la inmovilidad que aqueja a los conejos que en las cacerías nocturnas se ven sorprendidos por el  haz de luz de los faros de los vehículos de los cazadores. Los pobres conejos no osan moverse, y los diputados oposicionistas  de la Asamblea tampoco.  Más, hay una diferencia sustancial entre los conejos de los llanos y los del parlamento: los primeros se enfrentan por primera vez a esa experiencia, los segundos sabían lo que pasaría antes de comenzar la cacería. En el ajedrez, como en política, los buenos jugadores y los buenos políticos siempre prevén las jugadas alternativas (Plan B, C, etc.) que aseguren darle jaque mate al Rey contrario.

No sabemos si los partidos de la MUD planifican la consecución de sus metas, hasta ahora sólo sabemos de su preocupación por alcanzar las metas, casi bíblicas por el protagonismo de María, José y Juan, pero muy poco se sabe, a pesar de haber transcurrido casi un semestre de habérsele prometido al país, de las ideas opositoras con las cuales enfrentar la crisis económica que agobia al país, de los cambios posibles en el sistema electoral (la proporcionalidad por ejemplo) y la eliminación de la reelección indeterminada, entre otros.

Por supuesto, para enfrentar una dictadura como la que padecemos hay que dejar de ser conejos que se pueden encandilar. Planificar la consecución de metas y no ladrar tanto si a la postre no tienen intenciones de morder. Es posible, y bastante probable, que la MUD no tenga líderes que puedan, idóneamente, enfrentar esta crisis, pero una dirección colectiva (que no colectivo) si lo tendrá. La unidad opositora sigue siendo un desafío que deberá concretarse con todas las fuerzas que adversan este régimen, no sólo la MUD, para atender la convocatoria que permanentemente nos hace la Constitución mediante su artículo 350 a desconocer cualquier tipo de dictadura.

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