Editorial

En ese momento de grandes dificultades, es muy importante la contribución que puedan dar los investigadores profesionales, para ayudar a abrir vías efectivas en el difícil proceso de instrumentación de las soluciones que requiere el país. Somos parte de quienes saben que sólo el conocimiento científico puede auxiliar a los pueblos atrasados en la superación de sus graves dificultades. Y el nuestro es un país atrasado, víctima de la miseria y la ignorancia, sin importar que nademos en petróleo o que podamos también caminar sobre el oro y otros metales preciosos. En ambos casos se trata de materias primas, muy apetecibles en el mercado internacional, pero materias primas al fin y al cabo.

El Gobierno de Nicolás Maduro, fiel al legado de Hugo Chávez, ha continuado su política de mantenerse ajeno y enemigo del conocimiento. Ante los problemas que sufre nuestro pueblo, prefiere invocar los espíritus de la sabana, la “sabiduría de los chamanes”, los saberes populares y ancestrales o, incluso, las prácticas de “los paleros”, antes que recurrir a la formación de la gente a través del estudio serio y el trabajo y el desarrollo de la ciencia y la tecnología nacional. Nuestras universidades y centros de investigación han sido abandonados por el Gobierno, que además los hostiga directamente a través de un funcionariado ignorante construido en estos 17 años, unos delincuentes mercenarios que los asaltan y desvalijan y manteniendo unas autoridades universitarias que son la antítesis de la academia.

Nuestras escuelas primarias y secundarias son el ejemplo de lo que no deben ser las instituciones educativas y, mucho menos, las de estos niveles. Maestros y profesores sin los conocimientos necesarios para asumir la labor docente, incompetentes, totalmente desmotivados, con concepciones pedagógicas equivocadas, sin ninguna supervisión, muy mal pagados, sin condiciones de trabajo apropiadas, algunos humanamente dañados y en muchas ocasiones atemorizados hasta por sus propios discípulos. Edificaciones escolares en pésimo estado, hasta peligrosas para la salud de sus usuarios, sin los servicios básicos, víctimas de los delincuentes, quienes además se mezclan con los niños y adolescentes para la venta de drogas, alcohol o seducción sexual de menores.

Esta situación es producto de una concepción según la cual el conocimiento es un valor del capitalismo, propio de burgueses, por lo que hay que anteponerle los saberes ancestrales y el conocimiento del pueblo, único que puede ser verdaderamente revolucionario. De allí que las universidades creadas por el Gobierno, las mal llamadas bolivarianas, sean realmente una caricatura, y muy mala, de lo que deben ser estas instituciones en el ámbito regional y mundial. De allí también que se maltrate y descalifique a las universidades más viejas y de mayor desarrollo. Cuando el Gobierno habla de desarrollo científico lo hace únicamente de “la boca para afuera”, como dice la gente cuando quiere resaltar la insinceridad de un discurso.

Nos agrada entonces disponer de los suplementos de Continuidad y Cambio, donde hacemos el intento de incorporar más y más profundo conocimiento en el tratamiento de diversos temas, que están claramente concatenados con el enfrentamiento de nuestros problemas, como venezolanos o como seres humanos.

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