¿Qué hacer en los posibles escenarios inmediatos?

Federico Villanueva

Arquitecto urbanista y miembro de la Comisión Coordinadora Nacional de “De frente con Venezuela

Federico Villanueva

Federico Villanueva

Entendemos que los escenarios inmediatos, referidos a la fase actual de la convocatoria al Referendo Revocatorio Presidencial, represen-tan un reacomodo en la polarización hasta ahora imperante. Sin embargo, anticipan formas concretas de esa polarización en el futuro y se enmarcan en el descuadernamiento de los polos (Gobierno y MUD), o transición de correlación de fuerzas que se inició con la desaparición física del presidente Chávez, permitiendo especular sobre las oportunidades y posibilidades de actuación política de las fuerzas que estamos en contradicción antagónica con esa polarización.

La probabilidad de cada una de las posibilidades que se presentan como escenarios no es aleatoria, sino que depende de la correlación de fuerzas que se consideren actuando en esta coyuntura del país.

Escenario 1

“(..) que la MUD no alcance producir una manifestación de voluntad del 20% del Padrón Electoral necesario para convocar el Referéndum, con lo cual la actual dirección de la MUD se anularía, el conjunto de fuerzas que integran esa alianza entrarían en conflicto sobre como conducirse ante el oficialismo y este superaría la coyuntura desfavorable que lo domina. El Presidente Maduro adquiriría fuerza propia y el gobierno legitimidad para manejarse por un tiempo” (Arcaya, 2016:3).

Aparentemente, es el escenario menos probable. En caso de darse, contendría la intensidad del descuadernamiento gubernamental y aceleraría el de la MUD. El gobierno no supo actuar de acuerdo a la derrota del 6 D y difícilmente va a saber administrar una victoria en la recolección de manifestaciones de voluntad. Por lo tanto no rectificará y se prolongará hasta 2018 cualquier posibilidad de enderezar el destino nacional hacia un mejor proyecto que los actualmente en el tapete.

Dentro de este escenario, habría que esforzarse en recoger restos de la diáspora de la MUD, en competencia con los extremistas utópicos e inconducentes tipo “La Salida” o “el 350”. Tarea difícil, porque, nos guste o no, nos consideran “izquierdistas” y la MUD en general es “derechista”. Y así la mantendrá su cogollo aunque éste se debilite y disperse, o cualquier otra dirección política que allí surja.

Escenario 2

“(..) que la MUD alcance una manifestación de voluntad superior al 20% del Padrón Electoral necesario para convocar el Revocatorio, pero esta numerosidad no fuera contundente. Este desenlace reduciría la capacidad de dirección de la MUD para ser considerada la única referencia distinta al Gobierno y al PSUV y el Referéndum se realizaría en el 2017 cuyos resultados no pueden ser vaticinados” (Arcaya, 2016:3).

Para muchos, entre ellos la dirección del MAS, es el escenario más probable. Se fundamentan en que no concurren en este momento los tres factores decisivos del derrocamiento de Chávez en 2002. A saber: pérdida del poder legislativo por defección del miquilenismo y el MAS, división en la fuerza armada e insurrección masiva de ciudadanos en la calle.

Sin embargo, en la situación actual podemos considerar que el gobierno perdió la Asamblea Legislativa por un método más valioso que el retiro de apoyos: votos y sistema electoral mayoritario. También que la MUD últimamente logró convocar ciudadanos a la calle. Evidentemente, Maduro no es Chávez y aunque a lo largo de los gobiernos de este último se llegó a altos niveles de impopularidad que pudieron superarse, no fueron tan importantes y socialmente generalizados como los actuales, basados en fuertes y sentidos padecimientos ciudadanos: desabastecimiento, inflación e inseguridad.

Asimismo, aunque la situación geopolítica internacional era peligrosa para Chávez, la de Maduro es peor: Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos están empeñados en confrontaciones con Rusia y China; importantes países latinoamericanos se alejan de una política propia, común e independiente del llamado bloque occidental; nuestra ambiciosa vecina Colombia está adscrita a la OTAN y con un acuerdo de paz gobierno-FARC aumenta su superioridad militar sobre Venezuela; al tiempo que Guyana. que forma parte de la Commonwealth y, con ello, está protegida por el Reino Unido y la OTAN, reitera las provocaciones a nuestro país.

Sin ir tan lejos, la OEA restablecida como dominio norteamericano, amenaza al país con la aplicación de la Carta Democrática, forma preferida de ese gobierno para ejercer presión sobre nuestros países con una intervención “soft”.

Del análisis de los factores que permitieron el derrocamiento y regreso “express” de Chávez, así como de la geopolítica general, puede deducirse la importancia de la FANB en la situación política actual, donde nadie discute que constituyen gobierno y sólo puede discutirse su peso o su diferenciación del núcleo o macolla chavista, reducida hoy a madurista: si el poder es cívico-militar o milicívico. No puede ignorarse la importancia de los militares en ejercicio de altos cargos administrativos; en gobiernos regionales electos (que, por ahora, no se permite su constitucional renovación); la pseudo PDVSA, con minería incluida, que se les otorgó; su papel determinante en el Decreto Presidencial de Estado de Excepción y de Emergencia Económica, vigente hasta el 13 de septiembre; su posterior encumbramiento como autoridad en la esfera de la distribución de productos básicos y, tampoco, la insólita concentración de poder del Ministerio de la Defensa con el comando operacional de las fuerzas en un solo hombre, renovada más allá del período correspondiente. General que se permite alocuciones a la población y que posee un canal de televisión propio de la FANB. En un marco institucional donde a la Fuerza Armada le corresponde, desde la era del “demócrata” Betancourt, asegurar el funcionamiento de las elecciones.

A estos hechos se suma el importante papel que se le atribuye a las FANB en la realización de las elecciones parlamentarias de 2015, en la aceptación de sus resultados que el gobierno sabía desfavorables de antemano y en el férreo control de cualquier desorden que pudiera suscitarse a continuación de conocerse públicamente. Puede aquí sumarse que la FANB garantizó el orden entre la marcha por el revocatorio convocada por la MUD el 1° de septiembre y la concentración oficialista del mismo día. Parece que no están dispuestos a reprimir a nadie y menos con fuerza extrema, así como tampoco a permitirle a grupos de civiles de uno u otro bando que se agredan entre sí.

Por otra parte, aunque pueda ser un dato secundario, algunos opinadores políticos de cierta importancia y adscritos a la MUD, como Carlos Blanco u Ochoa Antich, han venido bajando el tono de sus críticas al sector militar del gobierno. Por ejemplo, Michael Penfold, en su último escrito en prodavinci, hace pivotar en la actitud que asuma la Fuerza Armada su análisis de escenarios para el referendo revocatorio, considerándola prácticamente independiente del gobierno a revocar.

Además, existen declaraciones, tanto del grupo editorial de Poleo, como del PCV, indicando que hay una mayoría de oficiales medios y bajos que resienten la crisis venezolana y no tienen ninguna simpatía por el gobierno de Maduro, aunque sean moderadamente chavistas, como sus jefes. Aparentemente, su molestia es con “los políticos” de la macolla y, más bien, los altos mandos comprenden esos sentimientos. No es tan extraño, si recordamos que en 1948 los militares superiores sacaron a los adecos por una oreja, luego de su desastrosa actuación en el trienio. Y no fue para restaurar el Medinismo. Recordando asimismo la curiosa relación de los altos mandos militares con el grupo de conspiradores que actuó en 1992.

Sin referirnos a un golpe de estado ortodoxo, más de una vez hemos denominado al acrecentamiento del poder militar en Venezuela como una especie de inteligente semi-golpe “postmoderno” y constitucional, que les evita los problemas, fundamentalmente internacionales, que un golpe clásico acarrearía.

En estas condiciones y considerando que la salida del círculo madurista del gobierno probablemente requiera de una negociación, podemos pensar que tal negociación, aunque en principio pueda ser con sectores del PSUV, con gobernadores o diputados, también podría ser, principalmente, con la FANB.

Si el sector militar del gobierno representa los sentimientos e intereses de la mayoría de la fuerza armada y no es sólo un puñado de pillos corruptos, narcotraficantes o peor (como se venía empeñando una parte de la MUD en calificarlos), no hay negociación para una transición o para un diálogo-acuerdo nacional que pueda ignorar la posición de ese sector. Lo lógico es que abogue por la máxima conservación de las formas de poder que hoy tiene, aparezca quien aparezca como mascarón de proa de la nave gubernamental. Aunque los jefes actuales no fuesen representativos más que de sí mismos, las fuerzas militares soterradas que aspiren a sustituirlos, probablemente deseen para sí un poder equivalente y no confinarse a sus cuarteles: 17 años crean aspiraciones colectivas y no sólo personales o individuales.

Tenemos ejemplos latinoamericanos importantes de formas de acomodo del sector militar en transiciones gubernamentales de fondo: los del Perú de Velasco Alvarado y del Chile de Pinochet representan la conservación de condiciones previamente existentes, mientras el de Panamá de Torrijos-Noriega representa la inmolación solidaria con el régimen. Pareciera que en Venezuela se tiende al primer tipo de forma.

Escenario 3

“(..) que la manifestación de voluntad promovida por la MUD supere por amplio margen el mínimo del 20%  del Padrón Electoral necesario para convocar el Referéndum, por ejemplo, siete millones de manifestaciones de voluntad, con ese resultado adelantado, la convocatoria al Revocatorio tendría que hacerlo el CNE antes del 10 de Enero de 2017. Maduro Moros saldría de la Presidencia y el PSUV perdería el poder Ejecutivo. La MUD obtiene la supremacía política en el ejecutivo y consolida el triunfo obtenido el 06/12/2015 en la Asamblea Nacional” (Arcaya, 2016:3-4).

Para De Frente Con Venezuela éste es el escenario más probable, incluso el más conveniente para algunos de sus integrantes.

Significaría una rendición gubernamental, que algunos estiman imposible. Sin embargo, no debemos olvidar que el máximo comandante se entregó (si es que no renunció formalmente) en 2002. Por no hablar de 1992. O, en otras circunstancias y con otros personajes, que Carlos Andrés Pérez se vio obligado a entregar la presidencia, frente a un “golpe frío” que le estaban dando. De acuerdo a esa tradición, puede estimarse que los “agárrenme que lo mato” de dirigentes chavistas, o los discursos antiimperialistas de Tibisay Lucena pueden desestimarse. Afortunadamente.

Valen aquí todas las consideraciones del escenario anterior, en el sentido que el sector militar del gobierno puede hacer que el sector político-civil entregue el mando. Y, para algunos, esto ya está ocurriendo, en un proceso incruento y constitucional.

En este escenario pasaríamos a una disputa a muerte en el cogollo de la MUD por la minipresidencia inmediata y la presidencia de 2019 al 2024. Para la primera no pueden efectuar primarias y muy difícilmente llegarán a acuerdos de rotación para la segunda, considerando la emboscada que le hicieron a PJ en la designación de la actual directiva de la AN. Puede darse una división, que en principio no les conviene, pero dada la debilidad del chavismo, la elección de 2016 o comienzos de 2017 puede presentarse como una primaria entre candidatos de la MUD. Podría ganarse con un porcentaje limitado de votos.

Esta última hipótesis difícilmente les conviene a las fuerzas de la antipolarización, salvo que alguno de los candidatos de la MUD asuma un proyecto de país más cercano al nuestro que el que hasta ahora han venido propugnando. Lo cual es improbable, ya que esa elección tendería a ser un “concurso de belleza” sin mayores contenidos. Lo más deseable, aunque poco probable, sería una elección con varios candidatos, no sólo de la MUD, y algún programa suficientemente similar al de los no polarizados: una variante de la elección presidencial posterior al colapso del bipartidismo AD-COPEI.

Para ello, antes y después de esta elección casi inmediata dentro de este escenario, habría que esforzarse en recoger restos de la diáspora del PSUV y el Polo Patriótico, en competencia con los extremistas utópicos e inconducentes de Marea Socialista y Giordani y su gente.

Consideración para todos los escenarios

En toda negociación, diálogo o acuerdo nacional, el proyecto de país que presentan los protagonistas, abiertos o vergonzantes, asociados a los polos encabezados por la macolla del gobierno o al cogollo de la MUD, nos parece menos que insuficiente e inoperante para construir una república contemporánea, por no hablar de la cacareada “justicia social”. ¡Hay que colearse! Introducir nuevos elementos en la consideración de un proyecto nacional, debatirlos y lograr aplicarlos, para la profunda transformación estructural positiva de la sociedad venezolana. Fortalecer al máximo, es decir cualitativamente, las alianzas de los no polarizados, hasta ahora MAS, BR, Democracia Renovadora, dejando de lado sin transformarlos en enemigos a quienes pretendan potenciar los dislates de los polos, como Marea Socialista o el Movimiento Laborista. Entendiendo que otros “no polarizados”, como Eduardo Fernández, Claudio Fermín, Hiram Gaviria, tienen aparentemente sus propios proyectos y algunos no han demostrado interés en nuestros puntos de vista.

Nosotros con nuestros puntos de vista debemos conquistar el alma de nuestros pocos cuadros y asaltar las partes descuadernadas de los grandes polos, posiblemente con mayores posibilidades de éxito en sectores chavistas, civiles y, principalmente, militares. Esto último porque puede estimarse que el barniz chavista de los cuadros de la FANB, aunque desencantado de los evidentes resultados del proyecto de país tras 17 años de régimen y, particularmente, de la gestión de Maduro, puede estar más abierto que el sector civil a escuchar ideas de un proyecto nacional, que vaya más allá de las pamplinas propuestas por la MUD en materia de la revitalización de un mítico sector privado nacional o de su capacidad de acceder al financiamiento internacional, para seguir con una variante del pésimo modelo nacional que se ha consolidado desde 1958.

Arcaya, Camilo. “A manera de editorial”. Continuidad y Cambio, año 5, suplemento 3, pp 2-4, 2016, https://continuidadycambio.wordpress.com/suplemento-numero-3-ano-5-septiembre-2016/a-manera-de-editorial/.

 

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