La propuesta central

Luis Fuenmayor Toro

Algunas veces pienso que al común de la gente no le interesa si en los procesos electorales los candidatos tienen o no proposiciones para el país, entre otras cosas porque sus problemas existenciales son demasiado numerosos y graves, como para ponerse a pensar si debemos seguir vendiendo materia prima o es urgente iniciar el desarrollo de la industria petrolera, de manera de producir mercancías de mucho mayor valor agregado. La preocupación por la escasez de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales, borra cualquier interés en oír hablar sobre la ausencia de proporcionalidad del sistema electoral venezolano o del abandono en que el Gobierno tiene a la actividad científica y tecnológica del país. La angustia que produce percatarse, en cada ida al mercado, que los ingresos no alcanzan para procurarse lo mínimo indispensable, nubla la atención de los venezolanos a mensajes que no parecen directamente relacionados o como responsables de sus miserias y tribulaciones.

Y es que el desabastecimiento y el alto costo de la vida han pasado a ser los principales problemas que siente nuestro pueblo, relegando a un tercer lugar algo tan grave y tan sensible como es la inseguridad personal. Se siente más amenazada la gente por la inexistencia de alimentos y por su alto costo que por el peligro de ser asesinados, asaltados, secuestrados violados o robados. La inseguridad constituyó el principal problema sentido por la gente durante mucho tiempo, pero ahora la escasez y la inflación los amenaza mucho más o por lo menos así lo sienten. El Gobierno, conociendo esta situación, se dedica en estos días previos al 6 de diciembre, a entregar bolsas de comida y otros productos, casa por casa en las barriadas de los sectores sociales “D” y “E”, que hasta ahora han constituido el núcleo de apoyo del chavecismo.

Como si se tratara de misiones humanitarias de la ONU, destinadas a trabajar en países africanos víctimas de hambrunas inmisericordes, los militantes o gente pagada por el PSUV tocan las puertas de los hogares de los electores muy pobres, para dejarles ciertas cantidades de algunos víveres. De esta manera piensan comprar sus apoyos, sus decisiones, sus votos, sus conciencias; los han llevado a una situación de desesperación tal, que los puede hacer sucumbir ante estas ominosas limosnas oficiales. El plan “liberador” del pueblo del Gobierno de Maduro consiste en transformar a los venezolanos pobres en pordioseros, condición que se puede aprovechar miserablemente con medidas de muy bajo costo, que logren un alivio temporal de sus vicisitudes y creen una sensación infinita de agradecimiento, que se traduzca en un beneficio electoral.

Adicionalmente, continuaría reforzándose un condicionamiento de los sectores más empobrecidos de nuestros pueblos y ciudades, que culminaría con la incorporación de esta conducta de limosnero en el repertorio conductual usual de estos compatriotas. Suena malévolo y retorcido y es claramente malicioso y siniestro. Éste es realmente el tan cacareado hombre nuevo que el socialismo del siglo XXI, que ni es socialismo ni es tampoco del siglo XXI, desea realmente formar o, mejor dicho, deformar. Un hombre nuevo sin dignidad, sin respeto por sí mismo, sin pasiones, sin esperanzas, sin deseos de rebelarse, sin honor ni autoestima; totalmente entregado a la voluntad del amo gobierno que lo engaña y mantiene con mendrugos, propaganda y comparsas, al mismo tiempo que lo utiliza y lo desprecia.

Ojalá que las largas filas bajo el sol ardiente, los pésimos sueldos y salarios que no permiten comprar lo mínimo necesario, los miles de asesinatos, secuestros, violaciones, robos y ejecuciones extrajudiciales; que los millares de promesas gubernamentales incumplidas, con sus mentiras demagógicas, sus calumnias, su represión y sus burlas; con los súper ricos “revolucionarios”, muchos en el exterior con sus riquezas mal habidas, otros capturados en flagrancia en negocios ilegales; ojalá que esta trágica realidad que disuelve nuestra nación, estimule nuestras raíces rebeldes, nuestros deseos de libertad, independencia, justicia y bienestar; el amor por nuestra patria y la defensa de nuestros derechos para, rechazando todos los chantajes, no votemos por quienes nos han mal gobernado por 17 años, sin caer en la trampa de apoyar a quienes se dicen opositores pero fueron comparsa y complemento del Gobierno.

Hay que votar por las alianzas no alineadas con el Gobierno ni con la Mesa. Y entre ellas, la que tiene como eje al Movimiento al Socialismo (MAS) presente en todos los circuitos electorales del país. En Caracas, encabezo el voto lista de esta alianza no alineada. Caracas necesita un diputado caraqueño, conocedor de sus problemas y necesidades, con propuestas para convertirla en una verdadera ciudad contemporánea y exitoso en sus gestiones anteriores. Hay que decir NO a los candidatos paracaidistas, importados de otras regiones, sin realizaciones concretas en sus pasadas gestiones, y NO a los candidatos gubernamentales de gestiones fracasadas, sin propuestas de ningún tipo, que juegan a la polarización, al enfrentamiento y a la división de los venezolanos. Ni los unos ni los otros. Basta ya de votar por el menos malo o contra el más odiado. Hoy tenemos una alternativa distinta a los polarizados de estos 17 años.

La Razón, pp A-4, 15-11-2015, Caracas

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